El aguinaldo
por DGrumpy
La Navidad, esa época del año querida y odiada a partes iguales, en la que nos guste o no, nuestro día a día cambia. Desde la decoración de las calles a la programación de televisión, pasando en muchos casos por nuestro carácter e incluso vestimenta. Prácticamente todo se ve modificado durante un par de semanas, en las que cada vez las tradiciones más antiguas y entrañables, quedan de lado en beneficio del consumismo compulsivo y el “bebercio” exacerbado.
Año tras año las grandes empresas nos intentan convencer convencen de que gastemos mucho dinero para que todos seamos muy felices (sobre todo ellos). Ya que es un hecho totalmente demostrado, que cuanta más pasta nos gastemos en regalos, comida y cachondeo, más contentos estaremos y todo será mucho mejor. Lo que a estas multinacionales se les olvida decirnos, es que cuanto más nos creamos sus patrañas, más desdichados seremos al final de las fiestas cuando miremos nuestra cuenta corriente.
Una de esas costumbres navideñas prácticamente extinta de la que antes os hablaba es el aguinaldo, que a muchos de vosotros os sonará como algo del pasado, ya que actualmente está casi en desuso en España. Además es curioso como esta misma palabra significa cosas tan diferentes a ambos lados del Atlántico, aunque no obstante, las dos acepciones tienen que ver con recibir un regalo o propina durante esta festividad.

Durante mi adolescencia, nunca me gustó la historia. Ahora veo con claridad que este hecho fue debido a dos factores fundamentales: el desinterés propio de dicha edad, y los nefastos profesores que tuve en el colegio sobre la materia. De hecho, curiosamente, el mejor profesor de historia que tuve durante mi etapa escolar ni siquiera tenía el título para ello, ya que era profesor de Educación Física.


