May
24
2017

Grandes bebedores de la historia (I) Iron Mike

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Hace algunos meses, Impozible nos “refrescó” la memoria, recordándonos uno de los combinados alcohólicos más populares por excelencia. Me estoy refiriendo a este artículo sobre el calimocho, bebida con la que la mayoría de nosotros nos hemos cogido más de una buena cogorza.

Este post me trajo gratos (y no tan gratos) recuerdos relacionados con el bebercio. Fiestas de juventud memorables, desfase sin límite y grandes resacas en las que juraba que no volvería a beber nunca. Inmerso en tales pensamientos, de repente me empecé a plantear cómo había desperdiciado mi vida quiénes serían los mayores bebedores del mundo, o mejor dicho, qué personas serían realmente famosas por su extraordinaria capacidad de beberse hasta el agua de los floreros.

Todos tenemos un conocido (el Barney de turno) capaz de beber durante horas sin parar, y que hace que nuestro alcoholismo no sea tan preocupante. Pues bien, os puedo asegurar que los protagonistas de la serie de artículos que empezamos hoy son capaces de eso y de mucho más. Empecemos.

Iron Mike

Michael Malloy (Iron Mike) fue un irlandés que a finales del siglo XIX decidió emigrar a Estados Unidos en busca del sueño americano. Inicialmente trabajó como bombero en Nueva York, hasta que su descontrolada afición por el alcohol le convirtió en un vagabundo que casi siempre estaba borracho, y que sobrevivía realizando diferentes trabajos de forma eventual.

En 1933 (en los últimos coletazos de la ley seca), este desdichado tuvo la mala fortuna de conocer a un grupo de malnacidos a los que posteriormente se les conocería como “la compañía de la muerte” (“the murder trust”). Esta indeseable banda estaba formada por Anthony Marino, dueño de un bar clandestino o speakeasy en el barrio del Bronx. Joseph “Red” Murphy, camarero del anterior. Francis Pasqua, enterrador. Daniel Kriesberg, frutero. Y Hershey Green, taxista.

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Fachada del bar ilegal de Anthony Marino

Ansiosos por conseguir dinero rápido, decidieron asesinar a la novia de Anthony Marino, Betty Carlsen, con el fin de cobrar su seguro de vida. Para ello la emborracharon hasta que perdió el conocimiento durante una fría noche, la llevaron a su habitación, abrieron las ventanas, la desnudaron, y la echaron agua helada por encima.

Al día siguiente, Betty estaba muerta. El forense sentenció que había fallecido a causa de una neumonía asociada al alcoholismo. Anthony cobró 800 dólares, ya que era el beneficiario del seguro de Betty. Fue tan sencillo, que decidieron repetir la jugada, eligiendo como nueva víctima a Michael Malloy.

De este modo, los criminales prometieron a Malloy que podría beber todo lo que quisiera en el bar de Anthony Marino sin pagar un centavo. A cambio solo tenía que firmar unos papeles que supuestamente eran para apoyar una candidatura de Marino a concejal. Nada más lejos de la realidad, lo que firmó Michael fueron varios seguros de vida por valor de 3.500 dólares, que tenían como beneficiarios a la compañía de la muerte.

A partir de ese momento Malloy (que ya tenía sesenta años) se convirtió en un parroquiano fijo del bar de Anthony. Dada su avanzada edad y su aparente mal estado físico, pensaron que no dudaría mucho yendo a cogorza por día. Sin embargo los días pasaban y el irlandés no perdonaba su cita diaria con la bebida, mientras que el gasto que generaba en licor empezaba a disparase.

Llegado este momento, Joseph Murphy pensó en añadir anticongelante en la bebida de Michael Malloy para acabar con él. Tras varios sorbos Malloy se desmayó, seguidamente Francis Pasqua (el enterrador) le tomó el pulso, y al ver que era muy débil, vatinizó que no llegaría al día siguiente.

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De izquierda a derecha: Anthony Marino, Joseph Murphy, Francis Pasqua y Daniel Kriesberg

Sorprendentemente, a las tres horas, Iron Mike se despertó, y tras disculparse por su “indisposición” pidió otra copa antes los ojos atónitos de los presentes.

Los días siguientes añadieron en su bebida mayor cantidad de anticongelante, aguarrás, linimento para caballos e incluso raticida. Pero nada parecía hacer mella en él.

Al no conseguir su propósito, lo intentaron envenenar con comida. Primero le invitaron a ostras mojadas en metanol, y después, a un bocadillo de sardinas en mal estado, mezcladas con raticida, anticongelante, pequeños clavos y fragmentos de metal. Sin embargo, de todos es sabido que el apetito del borracho es insaciable, así que estos suculentos “manjares” no consiguieron mermar en absoluto la salud de Malloy.

Cambio de estrategia

Más tarde, intentaron imitar el exitoso plan que habían seguido para acabar con Betty. Consiguieron que Mike bebiera hasta el desmayo, lo llevaron a Claremont Park (donde hacía una temperatura de unos -30ºC), le quitaron la camiseta, le tiraron en la nieve y le echaron agua encima. La muerte estaba asegurada

Por azares del destino una patrulla de policías encontró a nuestro amigo el beodo a tiempo. Le llevaron a un albergue, donde pasó la noche y donde le dieron ropa nueva. A la noche siguiente Mike no faltó a su cita con la bebida, dejando boquiabierto a Anthony y compañía.

Hartos de Malloy, y aconsejados por un matón profesional llamado “Tony el duro”, emborracharon de nuevo a su víctima, lo subieron al taxi de Hershey Green, lo llevaron a Pelham Parkway, y lo dejaron en mitad de la calle totalmente desorientado. Allí lo atropellaron a más de 70km/h, y una vez en el suelo volvieron a arremeter contra él.

Con la sensación de un trabajo bien hecho, la compañía de la muerte esperó a que el fallecimiento de Malloy fuera público para reclamar su dinero a la aseguradora, pero los días pasaban y no había noticias de su defunción. Esta surrealista situación suponía un grave problema: sin cuerpo no había manera de cobrar el seguro.

Dada esta circunstancia, decidieron emborrachar a un vagabundo llamado Joe Murray para posteriormente atropellarle y hacer pasar su cadáver por el del irlandés. El pobre de Murray sobrevivió, pero pasó varios meses en el hospital hasta que consiguió recuperarse.

Pasaron tres semanas del atropello de Mike cuando, sin previo aviso, le vieron aparecer nuevamente por el bar con ganas de beber. Durante todo ese tiempo había estado en el hospital curándose de las secuelas del accidente, en concreto de una conmoción cerebral, una fractura de cráneo y un hombro roto.

Desesperados por su aparente inmortalidad, y siguiendo los consejos de Tony el duro, esperaron a que Malloy se emborrachara de nuevo hasta perder el conocimiento, lo llevaron a la habitación donde dormía Joseph Murphy (el camarero) y le asfixiaron metiéndole en la boca una manguera conectada al gas. Ahora si, habían conseguido acabar con él. Por último, pagaron a un médico para que certificara que la muerta había sido a causa de una neumonía, por fin podrían cobrar el seguro… O eso creían.

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Habitación donde asesinaron a Mike Malloy

Joseph Murphy ya arrastraba problemas con la justicia y fue encarcelado. Al ser uno de los beneficiarios de la póliza, cuando la aseguradora contactó con él y supo que estaba en chirona, rápidamente pusieron en aviso a la policía. Hershey Green por su parte, no había recibido su parte del botín, y contó todo lo que había sucedido a varias personas, por lo que la historia empezó a circular de boca en boca por los suburbios.

La policía rápidamente ató cabos y descubrieron tanto el asesinado de Mike (al que exhumaron) como el de Betty. La organización criminal al completo y el médico, que dictaminó de forma fraudulenta la muerte de Malloy, fueron a parar a prisión acusados de asesinato.

Durante el juicio, los acusados intentaron sin éxito culpar a Tony el duro, que había muerto en un tiroteo unos meses antes. También se culparon los unos a los otros e incluso alegaron demencia.

Finalmente el jurado condenó a muerte en la silla eléctrica a Anthony Marino, Joseph Murphy, Francis Pasqua y Daniel Kriesberg. Hershey Green fue sentenciado a cadena perpetua, y el doctor por su parte a varios años de carcel.

Fuentes

The man who wouldn´t die en Smithsonian (en inglés).

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Categorías: Comida-Bebida, Historia

7 comentarios

  • johnny5es
    26/05/2017 | 8:52

    el tal Francis Pasqua debe de ser el abuelo del pequeño nicolas, son clavados jajaja

    Responder a johnny5es
    • DGrump
      26/05/2017 | 17:22

      Jajajaja. Que bueno! Es verdad, no me había dado cuenta

  • Vero
    28/05/2017 | 11:21

    Madre mía!!!! Qué historia!!!! O_o Menos mal que soy abstemia, me evito que intenten emborracharme para liquidarme xD

    Responder a Vero
    • mastercaba
      28/05/2017 | 15:14

      Bueno, pero hay gente que bebe y a la que no se intenta matar… y abstemios perseguidos 😛 😛

  • Saydon
    28/05/2017 | 13:46

    Muy buen artículo, ¡menuda resistencia tenía el hombre!

    Responder a Saydon
  • mastercaba
    28/05/2017 | 15:13

    Tremendo. Hay gente con un don para aguantar sin morirse, como el chino que fracasó cien veces intentando suicidarse, sólo que Iron Mike es la versión salvaje. Muy buen artículo, a ver qué nos cuentas en las siguientes entregas.

    Responder a mastercaba
  • NoEntiendo
    7/06/2017 | 4:04

    Si tantos litros de alcohol no acabaron con él, iban a necesitar algo más que un coche a 70 km/h para hacerlo. Muy buen artículo e interesante la idea de la serie. Deseando ver las secuelas.

    Responder a NoEntiendo

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