Sep
22
2010

Compartir en... Twitter Facebook Google+ Menéame Whatsapp

Peces de colores - PortadaHay algo que todo niño debería tener alguna vez: peces de colores. También hay algo que no debería tener jamás: una licencia de armas.

Cuidar de una mascota es bueno para los críos porque les enseña a asumir responsabilidades y, en el peor de los casos, pone a sus padres sobre aviso de que han traído al mundo a un cabroncete al que hay que tener muy vigilado. Además, creo que todos deberíamos tirar un pez muerto por el retrete al menos una vez en la vida.

Dicho esto, después de mi infausta experiencia con la ecosfera y los camarones (enpazdescansen), y sin haber aprendido nada sobre los misterios de la vida marina, pensé que había llegado el momento de buscar nueva compañía. Como mi amiga Coral no trabaja los lunes, me acerqué a la tienda de mascotas que hay al lado de mi casa y compré dos pececillos, una pecera y un bote de comida para peces. Hubiera comprado un loro, pero seguramente acabaría atascando el váter.

Antes de daros algunos consejos sobre el cuidado de una pecera, permitidme que os hable de mis nuevas mascotas, Naranja y Amarillo, por los que siento un gran cariño. Y por “cariño” me refiero a la más absoluta indiferencia. Estos peces cuestan dos euros con cincuenta la unidad, así que perdonadme si me preocupo más cuando encuentro un agujero en mis calcetines.

Peces de colores - Naranja y Amarillo

A simple vista, Naranja y Amarillo pueden pareceros unos peces de colores normales y corrientes. Y si así fuera, su mayor preocupación en la vida debería ser que me acordase de darles de comer antes de irme a trabajar. Sin embargo, si su memoria durase más de tres segundos, sabrían que cada día de su corta existencia es una nueva aventura en la que lo inesperado juega un papel preponderante.

Esto ha sido así desde el día en que entraron en mi casa.

Al igual que los cadáveres que mi acosadora psicópata me deja delante de la puerta, Naranja y Amarillo llegaron en una bolsa de plástico. Y en esa bolsa pasarían las próximas dos horas antes de estrenar la pecera. Aquello no era uno de mis absurdos caprichos. Según la dependienta, el agua de la pecera tenía que estar dos horas en reposo antes de meter a los peces dentro. ¿Por qué? Poseidón lo exige, los peces estaban haciendo la digestión, el agua tenía que adaptarse a la temperatura ambiente… ¿Qué sé yo? No soy científico.

Sea como fuere, al cabo de una hora, me dio por recordar aquel episodio de “Seinfeld” en el que los protagonistas se perdían en el aparcamiento de un centro comercial. Si recordáis el episodio, Elaine llevaba unos peces de colores en una bolsa de plástico, pero el grupo tardaba tanto en encontrar el coche que los pobres pececillos acababan flotando panza arriba. ¿Cuánto duraba un episodio de “Seinfeld”? Unos veinte minutos, ¿no? Y mis peces ya llevaban una hora encerrados en aquella bolsa. Por otro lado, no es que necesitasen aire, ¿verdad? Ni idea.

Peces de colores - Seinfeld

Haciendo caso a algo que podéis llamar instinto, pero que debieron de ser gases, abrí la bolsa y la dejé apoyada en la maceta donde malvive mi laurel manchado. (La historia de mi laurel quizá os la cuente otro día si sois buenos. Hoy hablamos de maltrato animal, no vegetal.)

Así las cosas, estaba viendo un episodio de “Hércules: Sus viajes legendarios” donando dinero a la beneficencia, cuando de repente escuché el inconfundible sonido de medio litro de agua derramándose sobre el suelo.

Miré hacia mi laurel. La bolsa seguía en su sitio. Menos mal. Pero estaba vacía. ¡Agh!

El suelo estaba empapado y sobre el charco había un par de peces muy, muy quietos; la clase de muy, muy quieto que solo consiguen los bromistas en los museos de cera y los espías con nombre de serpiente.

Peces de colores - Fuera del agua

Bueno, no había por qué ponerse melodramáticos. Tampoco habían caído desde tan alto. Proporcionalmente, debía ser como si yo me cayera de un… ¿décimo o decimoquinto piso? No es lo mismo, claro. Yo tengo huesos. Y no me cuida un perturbado con antecedentes de piscicidio.

Deseando con todas mis fuerzas que los peces siguieran vivos (y no es que fuese a perder el sueño por tener que tirarlos al retrete, pero acababa de comprarlos y lo que no quería era tirar cinco euros), bajé la pecera al suelo, y alargué el brazo para coger a Naranja. El bicho se agitó y pegó un brinco. Eso era buena señal. Me hubiera valido un “hijo de p…”, pero moverse también era un buen indicio. Formé un cuenco con las manos, recogí al pez y lo eché a la pecera. Si la temperatura del agua no estaba a su gusto, podía irse al infierno. Amarillo, que también seguía vivito y coleando, siguió el mismo camino que su compañero.

La emergencia estaba solucionada y yo había aprendido una valiosa lección: los peces no pueden llamar a la policía.

De todos modos, me sentía un poco culpable, así que les di de comer. Quizá no tenían hambre, pero comiendo es como combaten la ansiedad la mayoría de las personas que conozco, y, que esto quede entre nosotros, leerles tiras cómicas de Garfield no estaba funcionando.

Peces de colores - Demasiada comidaPara vuestra información, la comida para peces consiste en escamas enriquecidas con vitaminas y minerales: A1, D3, B1, B2, B6, B12… Esto quiere decir que los peces no solo viven mucho mejor que yo, las veinticuatro horas del día sin pegar un palo al agua, sino que también se alimentan mejor.

El bote dice que hay que darles de comer dos o tres veces al día. La dependienta me dijo que una. Aparte de que el bote es de un color bastante feo, tengo otras razones para confiar en la dependienta. La principal de ellas es que a menor número de comidas, mayor será la expectativa de vida de mis peces. Esto es como la religión: si vas a creer en algo, procura que las reglas estén hechas a tu medida y que tenga montones de fiestas. A ver quién ayuna durante todo un mes…

También debo advertiros que los peces no comen mucho. Esto es importante porque si les echáis más comida de la cuenta, acabará en el fondo de la pecera. Y cuando los peces remuevan el agua y los restos floten, creedme, la estampa no será agradable. Al cabo de unos días, tampoco olerá bien, y una semana después, ya no podréis traer a vuestra pareja a casa. Los problemas sentimentales no os permitirán concentraros en el trabajo y pronto perderéis el empleo. Puede que el dinero que hayáis ahorrado y la prestación por desempleo os ayuden algún tiempo, pero cuando la situación se alargue, acabaréis en la calle, comiendo en una parroquia y durmiendo debajo de un puente. ¡Y todo por dar comida de más a los peces!

Esto nos lleva al punto siguiente: cuando los peces comen, cagan. Es el curso natural de las cosas. Y, curiosamente, la naturaleza cuenta con que un idiota integral recoja su mierda por ellos. ¡Gratis!

Para limpiar la pecera, antes hay que desalojar a los inquilinos. Lo que yo hago es dejar preparado un barreño lleno de agua y luego, transcurridas las dos horas mágicas de rigor, echo los peces dentro. Mientras ellos se acomodan a su alojamiento temporal, yo lavo la pecera. Es fundamental enjuagarla únicamente con agua, ya que un detergente podría matar a los peces o convertirlos en mutantes antropófagos. Me ocurrió una vez.

Peces de colores - Piraña 2

Si os estáis preguntando cómo muevo a los peces de un lado para otro, la respuesta es cogiéndolos con la mano. Puede sonar sencillo, pero probablemente sea lo más cerca de una experiencia tipo “El último superviviente” que estaré en la vida.

De hecho, me gusta pensar que atraparlos en el agua es una manera de prepararme para el día en que me pierda en mitad de la jungla y tenga que recurrir a mi habilidad para sobrevivir. Entonces, si encuentro un charco pequeño y lleno de peces, con un cártel que garantice la ausencia de culebras y sanguijuelas, podré cazarlos para alimentarme. Bueno, para alimentarme no, porque no me gusta el pescado. Más bien los utilizaría como cebo. Dudo que unos aros de cebolla rebozados sean capaces de resistirse a unos pececillos de colores.

Peces de colores - El último superviviente

Sin embargo, el consejo más importante de todos es QUE IGNORÉIS TODO LO QUE HABÉIS LEÍDO. No me gusta escribir en mayúsculas y negrita, pero creo que el valor del mensaje lo exige. En serio, he leído que las peceras de bola como la mía son campos de exterminio para peces. Cuando tienes una de éstas solo te queda preguntarte si tus mascotas morirán de asfixia, intoxicación, enanismo, estrés o qué sé yo qué más.

¿Queréis saber la verdad? Naranja y Amarillo murieron en menos de 48 horas. No os esperabais este giro, ¿verdad? Bien, pues es cierto. Han ido al Cielo de los peces y, a estas alturas, estarán presentando una denuncia muy sólida ante el Altísimo.

Espero que no queráis pruebas del suceso, porque no hice ninguna foto. Me parecía de mal gusto. Ahora me arrepiento, claro, porque esa imagen es de las que consiguen sacarte de cualquier apuro.

¿Que tu mujer te dice que quiere tener hijos? ¡PLAS! Foto de los peces muertos. “No fui capaz de cuidar de estos peces y quieres que tengamos niños. ¡Ja!”.

¿Que quieres librarte de un tipo pelmazo? ¡PLAS! Foto de los peces muertos. “Estos son mis peces. Están muertos”.

Tiene montones de usos.

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Categorías: Ciencia-Naturaleza, Vida cotidiana

17 comentarios

  • Josema
    22/09/2010 | 8:50

    Excelente como siempre. Extraña historia contada de manera sublime.

    Felicidades. Te voto para los bitácoras…

    Responder a Josema
  • Gamgaber
    22/09/2010 | 15:06

    Jojojo. Sublime. 😉

    Responder a Gamgaber
  • wAKKO
    22/09/2010 | 17:20

    Por que no intentas con un cactus?

    Responder a wAKKO
  • dacorchile
    22/09/2010 | 17:21

    excelente relato. creo que me comprare un perro mejor jjaaja
    saludos

    Responder a dacorchile
  • Juas
    22/09/2010 | 17:53

    Muy bueno, jajaj me acuerdo que cuando era un enano tenia dos uno negro y otro naranja, el cabrón del negro saltaba fuera de la pecera y cuando ibamos donde los teniamos te lo encontrabas en el suelo, encima fue el que más duro el muy…

    Responder a Juas
  • DGC
    22/09/2010 | 21:01

    Yo una vez tuve uno de color naranja que me tocó en la feria, acabé harto de él, mira que no dan mucho trabajo, pero su presencia me empezó a molestar, bueno, eso y que es asquero limpiar la pecera después de mucho tiempo ya que se queda pegada una especie de babilla repugnante en las paredes, cuando se me acabó el bote de comida emecé a darle las sobras del pan, luego me cansé y estube mucho tiempo sin darle de comer, no se de que coño vivía el hijo de puta pero no se moría, así que me cansé ya del todo y un día cunado le cambié el agua de la pecera le heche a drede agua caliente (la del grifo, no hervi agua en el fuego ni nada). Mano de santo a los pocos segundos de sumergirse en ese agua salió hacia arriba panza arriba muerto con la misma fuerza que se había sumergido, aun recuerdo decirle a mi madre: ¡¡mamá!! el pececito se ha muerto (con cara bueno como que había sido de muerte natural) . Después lo tiré por el retrete, los niños con animales a su cuidado son todo un peligro…

    Responder a DGC
  • jorge garcía
    23/09/2010 | 0:21

    que valor tiene el tipo, con lo que esta cayendo de maltrato animal y el narrándolo a casco porro.
    XDDDDD

    Responder a jorge garcía
  • varlek
    23/09/2010 | 1:51

    me encanto esta como la historiad e un perro que tuve pobrecito la que le hice pasar al infeliz hasta que un dia ya casi me demandaban por maltrato animal lo lleve a la perrera para que lo durmieran

    Responder a varlek
  • PríncipeCaín
    23/09/2010 | 7:05

    Siempre me he preguntado, ¿cómo se oxigena el agua de las peceras de bola?

    nunca he podido concebir que esos pecesillos sólo funcionen con agua “de la llave”

    ilustradme por favor, saludos

    Responder a PríncipeCaín
  • seburo
    23/09/2010 | 8:27

    jaja, muy bueno!

    Responder a seburo
  • Manu Rincon
    23/09/2010 | 11:23

    Jajajajaja que hartón de reir me he pegado… Muy bueno xDD

    Responder a Manu Rincon
  • NARANJA
    23/09/2010 | 12:52

    Tipo de la Brochaaaaaaaaaa, soy el espiritu de NARANJA, te atormentare dia y noche, no se sintonizara en tu TV nada mas que refritos de Punly Brewster y Heidi y ademas voy a corromper todos tus Monkey Island. Buuuuuuuuuuuuuu

    Responder a NARANJA
  • Dani
    23/09/2010 | 16:48

    Pues a mi no me ha hecho gracia. Si tan poco te importan para qué los compras? Para escribir un intento de texto mediocre¿? pss..

    Responder a Dani
  • Dani
    23/09/2010 | 21:35

    Yo rebocé y pasé a posteriori por la sartén a un par de tortugas, creo que te gano XD

    Responder a Dani
  • cyclopskaz
    25/09/2010 | 9:04

    Jaja muy bueno, un relato bastante divertido (esperemos que no llegue a oídos de los protectores de animales).

    Por cierto no sabía que ya estaban de vuelta, por alguna extraña razón entro a la página y el último artículo que veo en portada es “Volvemos en septiembre”, hasta hoy descubrí por accidente (gracias al botón “salta”) los artículos de los cómics de las tortugas y vi que eran recientes.

    Saludos desde México

    Responder a cyclopskaz
  • Omar Little
    25/09/2010 | 17:17

    Excelente artículo, Tipo de la brocha..

    Mis peces morían cada vez que jugaba un partido de fútbol o de pelota-mano en la cocina.

    Responder a Omar Little
  • Soul
    25/09/2010 | 21:52

    Jajaja, fantástico!
    Un tema tan simple, desarrollado de de manera sublime…
    PD: Que mira Amarillito (el pez de la derecha) en la segunda foto? (la del mñeco con el tridente…)
    Hace sospechar del pez…

    Responder a Soul

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