El roscón de Reyes
por El Tipo de la Brocha
Si hace dos días contados os preguntabais por qué en la semana de Reyes íbamos y publicábamos una reseña sobre un libro de monstruos marinos, sois unos listillos. Y no me gustan los listillos. A los listillos los atamos a la vía del tren.
¿Y qué si hemos pasado olímpicamente de escribir más artículos que guarden relación con estas fiestas? Y con “hemos” me refiero a los demás. Yo ya cubrí el cupo en Navidad.
Sin embargo, el jefe dijo que esta semana era toda mía a no ser que se le ocurriera algo, y, en mi infinita generosidad o soberana gilipollez, he redactado deprisa y corriendo este artículo sobre el roscón de Reyes, ilustrándolo con las primeras imágenes que he encontrado en Google. Deberíais estarme agradecidos, porque la alternativa era endosaros un reportaje que tenía en la remesa sobre las actrices más calientes de la serie B de los 80. Seguro que no os interesaba. Había montones de fotos.
Ya lo he dicho en alguna otra ocasión, pero nunca está de más decirlo: me encantan las mascotas publicitarias, especialmente las que adornan las cajas de cereales.
La moda de los revival es un no parar, y cada vez se suman a la misma más reapariciones inesperadas. Si hace unos años eran
Por alguna razón que escapa incluso a mentes más expertas en marketing que la mía, en España no tienen demasiado éxito los nuevos sabores de refresco. Será porque somos muy tradicionales, o porque aquí nos importa bien poco el sabor mientras mezcle bien en los cubatas, el caso es que los intentos de introducción de novedades en el mercado de las bebidas carbonatadas nunca han funcionado demasiado bien.
Últimamente escribo mucho más sobre golosinas, aperitivos y otros productos de aperitivo de mi infancia y adolescencia. No sé si será porque los echo de menos o, simplemente, porque suelo escribir los sábados por la mañana antes de desayunar. El caso es que el producto que nos ocupa hoy, y que por suerte sigue a la venta, es uno de los mejores aperitivos jamás creados por el hombre.
