Jun
5
2013

Los quioscos

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Quiosco - abierto
Hasta hace no demasiados años, encontrarse un quiosco en cada plaza o confluencia de grandes calles era lo más normal del mundo. Pequeños lugares de obligado paso para señores con traje y bigote, que diariamente, a primera hora de la mañana, compraban la prensa y un paquete de tabaco. Casetas donde las Marujas de todo el vecindario iban a comprar las revistas del corazón y a ponerse al día de los cotilleos del momento.

Pero sobre todas las cosas, eran templos casi sagrados del ocio, la diversión y los alimentos de dudosa capacidad alimenticia para los niños del barrio, que de manera casi ritual acudían periódicamente con sus modestos ahorros de la semana, a estos frágiles puestos donde todo tipo de mercancía se apilaba en un par de metros de cuadrados.

Durante años vieron crecer de manera imperturbable a varias generaciones, que empezaban comprado chucherías, cromos o juguetes de bajo precio como los soldaditos de plástico. Años más tarde se convertían en nuestros distribuidores oficiales de cómics y revistas de videojuegos, hasta que finalmente, en plena adolescencia, nos dispensaban de manera casi clandestina alguna que otra revista para adultos e incluso cigarrillos. En ese momento era inevitable la mirada picarona y de complicidad por parte del quiosquero, que nos había visto crecer y que conocía a la perfección a nuestros padres desde hace lustros. Sin embargo sabíamos que no se chivaría, ya que al igual que los curas o los abogados, estos tenderos tenían la obligación de mantener el secreto de confesión.

Del auge a la decadencia

Como antes comentaba, hasta hace poco había al menos un quiosco en cada manzana. Fructíferos negocios que incansablemente abrían todos días desde bien temprano, y que eran regentados por personas de todo tipo y edades, que vendían desde metrobuses a bolsas de patatas y colecciones por fascículos.

Durante todo ese tiempo se decía que era un oficio bastante rentable, que normalmente desempeñaba gente con algún tipo de discapacidad o necesidad especial, que de esta manera podían ganarse la vida de una manera muy digna.

Quiosco - Prensa

Sin embargo la época de bonanza acabó hace algunos años. Poco a poco la gente ha ido dejando de comprar prensa escrita, los “juguetes de bajo coste” tampoco eran ya negocio, y los niños parece que no compran tantos cromos como antaño. Además la creciente competencia de estancos, panaderías y tiendas de todo a 100 han ido ahogado lentamente a los quiosqueros, que en los últimos tiempos, han ido cerrando poco a poco sus casetas, en muchos casos afectados por la crisis, que les ha terminado por dar la puntilla

Actualmente es muy común encontrarse con quioscos cerrados desde hace unos pocos años, en estado de total abandono, que se están deteriorando inexorablemente y que son victimas de pintadas y actos vandálicos. Esto ocurre porque ya nadie los quiere, y porque los ayuntamientos aun no han retirado estas casetas que fueron testigo de tiempos mejores, en los que el quiosco era un punto de encuentro para los más jóvenes y un lugar de información y cultura para los más mayores.

Quiosco - Cerrado

El quiosco de debajo de mi casa

El quisco que me vio crecer estaba justo debajo de mi casa, en una pequeña plaza con unos pocos árboles y bancos, donde todos los niños pasábamos después del colegio. El dueño era un hombre del barrio, que de joven tuvo un accidente de tráfico y se quedo parapléjico.

Pese a esta desgracia era un tipo alegre y simpático, que siempre recibía con una sonrisa a los indecisos niños que le hacían mil preguntas sobre los precios de los artículos, para así administrar de la mejor manera posible la paga de la semana.

Manolo, el quiosquero, vio crecer a todos los niños y no tan niños del barrio durante los más de treinta años que estuvo en pie su caseta. De vez en cuando su mujer le echaba una mano colocando los periódicos y demás existencias. Todos el mundo les conocía y continuamente estaban saludando por su nombre a los vecinos que por allí pasaban.

Hace unos dos años el matrimonio se jubiló, quedando el quiosco desocupado, a la espera de que un nuevo dueño reabriera el negocio. Aun así, la gente se seguía resguardando bajo su cornisa cuando llovía, y en verano servía de sombra a los jubilados que todavía se siguen reuniendo.

Finalmente el nuevo quiosquero nunca llegó, y el pasado día nueve de abril una grúa del ayuntamiento demolió la caseta, y se llevó todos sus restos y un pedacito de mi infancia en apenas veinte minutos. Ahora tan solo queda un cuadro de cemento en mitad de la plaza, que atestigua que durante varias décadas allí hubo un quiosco, que hizo felices a muchos niños durante mucho tiempo.

Quiosco - Niños

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Categorías: Vida cotidiana

21 comentarios

  • k3m
    5/06/2013 | 6:24

    me acabas de sacar dos lagrimas.

    En mi barrio han pasado muchas cosas parecidas, los cambios en los parques, las canchas mi escuela de la infancia cambio mucho, las tiendas (kioskos) que visitaba de niño ya no existen…

    Responder a k3m
  • El Chachi
    5/06/2013 | 8:47

    Y los juegos de Dinamic Multimedia que nunca faltaban. Me acuerdo que había uno debajo de mi casa que por 25 pesetas te dejaba intercambiar un cómic viejo por uno nuevo.
    Antes la cercanía y el trato directo estaban a la orden del día, más que vendedor-cliente era vendedor-amigo de toda la vida. Hoy parece que cada uno va a su bola y si le dan el producto que quiere sin hablar mucho o nada mejor.
    Una pena pero los valores cambian con el paso del tiempo.

    Responder a El Chachi
  • José Ángel
    5/06/2013 | 9:20

    Yo recuerdo haber comprado el PC Fútbol 4.0 en un quiosco. Y más de un ejemplar de Nintendo Acción.

    Un artículo magnífico.

    Responder a José Ángel
  • mastercaba
    5/06/2013 | 9:26

    Juventud, divino tesoro… La verdad es que yo, como niño rarito, lo usaba sobre todo para comprar revistas divulgativas tipo Quo; para los cómics y colecciones iba a una tienda que, aunque en el fondo era un quiosco, estaba en un local. Fetiches que uno tiene.

    Debo decir, no obstante, algo magnífico: en mi pueblo (Valdemoro, de cuyas rotondas ya hablamos una vez), con sus 80000 habitantes y cero semáforos, sólo ha desaparecido un quiosco de mi infancia (de los que sólo están en verano y no venden revistas, sólo gominolas y helados). Un abrazo a todos.

    Responder a mastercaba
    • DGrumpy
      6/06/2013 | 21:50

      El tema de los semáforos me ha matado! Hay gente que me ha contado que tenía serios problemas en el examen de conducir, al no estar acostumbrados a circular con semáforos. Supongo que será por el tema de tener que meter primera en cada parada.

    • mastercaba
      7/06/2013 | 20:45

      Al sacarte el carnet, en mi caso, no fue tan grave, porque nos examinábamos en Toledo (que no es el paradigma de la modernidad, pero bueno, sí tiene semáforos); lo divertido es ir a Madrid, en Navidades, de noche y lloviendo. Una aventura en toda regla xD

  • Petiso Carambanal
    5/06/2013 | 13:24

    En Ávila había 4 que yo sepa y ahora no queda ninguno. Si que hubo alguien que se intereso en coger uno de ellos, pero se ve que no llegó a buen puerto.

    Responder a Petiso Carambanal
  • kuroma
    5/06/2013 | 15:28

    me mola el post, pero siempre me aparecen mensages de hotlink detectado cunado lo miro desde mi lector de rss.

    Responder a kuroma
    • q256
      6/06/2013 | 13:24

      Muy buenas kuroma! Indícanos por favor cual es tu lector de RSS y lo agregaremos a la lista de excepción 🙂

  • Gosku
    5/06/2013 | 18:36

    Este artículo me gustó especialmente como hijo de quiosquero que soy.
    Mi padre se jubiló hace ya 2 ó 3 años y recuerdo con nostalgia mi infancia, que durante varias horas al día durante años discurrió dentro de un quiosco. Revistas de videojuegos, comics, coleccionables, cromos, chucherías, conversaciones con los clientes… Un ambiente estupendo para crecer.
    Algún día escribiré en mi blog sobre el quiosco de mi padre.
    Saludos.

    Responder a Gosku
  • Requerido
    6/06/2013 | 17:55

    Muy triste la última parte del post. Pero así es la vida.

    Responder a Requerido
  • DGrumpy
    6/06/2013 | 21:47

    Me hubiera gustado leer más comentarios diciendo que en su barrio no han desaparecido los quioscos, pero por desgracia es un mal común en muchas ciudades, en las que desaparecen algunos de los sitios más emblemáticos que nos vieron crecer.

    Por cierto Gosku, estoy seguro que eras la envidia de todos los niños del barrio. Cuántos hubieran querido poder leer infinitos cómics y comer la mitad de chucherías que tú!!

    Responder a DGrumpy
  • Pinchoal
    7/06/2013 | 19:57

    Me ha encantado la foto. He tenido asi como un rapto y he visto pasar mi infancia en treinta segundos. Y sobre todo me ha llevado a pensar en aquello de que realmente eramos de otra manera cuando eramos niños. Muy bonito articulo.

    Responder a Pinchoal
  • Así
    10/06/2013 | 17:11

    Fijaos si me ha dado pena que el quiosco que aparece en la foto es el de mi barrio. Hace bastante que cerró, pero aún quedan algunos más por la Isla. Otra cosa que desapareció, este sí para siempre creo, fueron los quioscos de lona azul que se retiraban por la noche y sólo vendían chucherías.

    Responder a Así
  • Satur
    10/06/2013 | 21:49

    Y no sólo quioscos, cuando yo era niño, a principios de los 70 recuerdo un señor mayor que iba con un carrito, una especie de rikshaw con un baul. Íbamos con nuestros cómics ya leídos y pagándole una pequeña cantidad por cada uno los cambiabas por otros que llevaba.

    Responder a Satur
  • mastercaba
    13/06/2013 | 22:05

    Debo matizar mis comentarios previos. Por cuestión de estudios, estoy viviendo de lunes a viernes en Madrid. Hoy he ido al cajero y, a causa de este artículo, me he fijado en los quioscos. Pues bien, desde Cuatro Caminos, caminando durante 400 m por Bravo Murillo, he contado siete quioscos a ambos lados de la calle. De acuerdo que es una zona muy concurrida, pero… Puede que aún haya esperanza para la prensa, los chicles y las colecciones!

    Responder a mastercaba
  • Leandogo
    16/06/2013 | 10:53

    Que buen artículo, me gusta leer algo tan lleno de nostalgia y sentimiento.
    Aquí en Perú, los kioskos aún son comunes y siempre tengo en mi mente dos que conozco desde niño, uno que esta a unas pocas cuadras de mi casa y otra yendo hacia la ciudad, el primero atendido por una pareja de jubilados (a los cual la señora me conoce y saluda) y en el segundo por una ancianita con un gran kiosko que parece que tuviera una armadura de periódicos y cómics. Aquí son esos lugares donde te enteras de las últimas noticias antes de subir al bus y si te animas te lo llevas.

    Responder a Leandogo
  • Konamiman
    17/06/2013 | 9:47

    Impagable la foto con el Seat 124 al fondo 🙂

    Responder a Konamiman
  • Jesu
    18/06/2013 | 14:04

    Ahora estamos en la época de las librerías especializadas, antros que a mí, personalmente, no me gustan nada, ni disfruto de lo que suele haber dentro.

    Antes en los quiosquitos podías encontrar de todo (al menos en los de Cádiz) y me compraba chuches, mi tebeito de Superlópez o de Conan, y a jugar a la pelota en la plaza de al lado.

    Responder a Jesu
  • Quark
    22/06/2013 | 5:18

    Menudo mal fario, ha sido aparecer este artíclo y descubrir que van a cerrar el quiosco de al lado de mi casa tras una vida ahí XD

    Responder a Quark
  • TmKr1440
    24/06/2013 | 5:51

    Yo puede ser que sea más joven, pero me acuerdo ya de haber comprado varias cosas en los quioscos… ¿Quién no se acuerda de los míticos tazos?

    Responder a TmKr1440

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