Dic
7
2010

Leslie Nielsen en ‘Planeta prohibido’ (1956)

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Planeta prohibido - Cartel

La semana pasada fallecieron dos grandes del cine americano: Irvin Kershner, director de «El Imperio contraataca» y «RoboCop 2», y Leslie Nielsen, excepcional actor paródico.

Poco puedo decir sobre el realizador de mi película favorita de Star Wars que no se haya dicho ya antes, y homenajear a Leslie Nielsen repasando las escenas más graciosas de su carrera me parece un aporte muy digno, pero ramplón, habida cuenta de que escribiendo su nombre en YouTube uno se ahorra mucho trabajo.

Por lo tanto, voy a ponérmelo un poco más difícil y recapitular una de las mejores películas de ciencia-ficción que conozco. Protagonizada por un jovencísimo Leslie Nielsen y presentando a Robby el Robot, «Planeta prohibido» se estrenó en 1956 y sentó las bases del cine de ciencia-ficción.

Tras el rugido del león de la Metro (cómo me gustaba el jodido cuando era pequeño), un platillo volante de los que se hacen en clase de manualidades aparece surcando el espacio. La nave se desvanece en la negra inmensidad y el título de la película se despliega ante nuestros ojos mientras suena una de las bandas sonoras más originales e innovadoras de su época, la primera compuesta únicamente de música electrónica.

Inquietante, ¿verdad? Como esa cosa naranja que viene en las latas de fabada y desaparece al meterla en el microondas o las lecciones de kung-fu de «La furia de Jackie».

El narrador expone que estamos a comienzos del siglo XXIII y, gracias a los avances científicos, el hombre se ha lanzado por fin a la conquista y colonización del espacio. ¡En Cinemascope!

Puede que los más jóvenes lo hayáis olvidado ya, pero hubo un tiempo en el que el futuro estaba en las estrellas y no en nuestros bolsillos. El hombre pensaba en naves espaciales y en contactar con seres de otra galaxia y no en aparatitos con contenidos multimedia ni en redes sociales. Eran tiempos para grandes visionarios, no genios del marketing. Era el verdadero camino hacia los coches voladores, las pizzas deshidratadas y las zapatillas que se atan solas.

No sé si me entendéis, pero la pantalla táctil del iPhone no es nada comparada con la superficie táctil de una mujer esclava de Orión.

Qué tontería. Pues claro que me entendéis.

Planeta prohibido - Platillo volante

El platillo volante es el crucero espacial C-57D, de los Planetas Unidos, que se dirige a la estrella Altair IV para averiguar qué ha sido de la colonia de investigadores científicos que se instaló allí hace ya veinte años. ¿Veinte años? Se me ocurren dos posibilidades: estación fantasma o apestosa comuna hippie.

La tripulación del crucero partió hace un año de la base terrestre y, estando enteramente formada por hombres, cabe imaginar que el viaje no habrá sido fácil. Tristemente, ni siquiera contaban con una androide sexy con receptáculo desechable para satisfacer sus necesidades más elementales y hacerles la comida. A saber cómo habrán dejado las reservas de donuts.

El comandante J. J. Adams (Leslie Nielsen) ordena que el descenso a Altair se haga a velocidad inferior a la de la luz. «Caray, gracias, comandante. Si no me lo dice, habría empotrado este trasto a 300.000 kilómetros por segundo contra esa roca».

Al entrar en la órbita de Altairl la nave recibe una señal de radio y una voz, que se identifica como el doctor Morbius (Walter Pidgeon), les pide que se vayan por donde han venido. Ah, no. Eso sí que no. ¿Otro año entero para volver a la Tierra? ¡Ni hablar! Además, ya no les quedan donuts.

Planeta prohibido - Adams y sus alegres compañeros

El crucero aterriza en mitad del desierto, y un vehículo terrestre conducido por Robby el Robot llega para recibirlos. Robby parece el fruto de la unión entre la mascota de Michelin y una gramola, y aunque su primera aparición se remonta a esta película, con seguridad lo habréis visto en «Los Simpson» y en «Futurama», y muy probablemente en algún otro filme o teleserie. Yo, por ejemplo, aún lo recuerdo estrechando la mano a Peter Falk en un episodio de «Colombo»; un gran momento televisivo.

Incluso sus primeras líneas demuestran que Robby es todo un personaje:

Robby: Sean bienvenidos a Altair IV, caballeros. Estoy aquí para transportarles a la residencia. Si ustedes no hablan este idioma, estoy a su disposición con otras 187 lenguas, aparte de numerosos dialectos y subdialectos.

¿Os suena de algo? ¿A cierto robot dorado y amanerado tal vez? Ejem. Oh, cielos.

Como se ve que en el futuro hemos perdido el sentido de lo obvio, Adams pregunta a Robby si es un robot, mientras que el cocinero de la nave se plantea si será macho o hembra. Sabe Dios qué clase de perverso propósito se traerá el cocinero en mente. Vigila tu espalda, Robby.

Planeta prohibido - Robby el Robot

Robby conduce al comandante, al doctor Ostrow (Warren Stevens) y al teniente Farman (Jack Kelly) hasta la residencia del doctor Morbius, que ha optado por un estilo minimalista y funcional, enmarcado en el modernismo, pero con reminiscencias del románico… y un espantoso pez fosilizado en la entrada. Todo muy chic. Y dado que Morbius tiene perilla y viste de negro, supondré que es el malo, aunque no lo sea.

Morbius invita a los recién llegados a comer y les explica algunas de las cualidades de su sorprendente robot: tremendamente fuerte, obediente y, lo mejor de todo, un cocinero molecular ambulante. Sí, sí, como lo oís. Tú le das una caja de Froot Loops, él la analiza y, a partir de ese momento, ya puede producirla en serie. Está bien, si son Froot Loops, es probable que acabe echando la pota. No todos tenemos el mismo estómago que el jefe.

Ostrow comenta que Robby podría ser un arma mortífera si cayera en manos equivocadas, pero Morbius le explica que Robby es incapaz de hacer daño a seres racionales. Bueno, aún puede servir para cometer atentados políticos.

Planeta prohibido - Morbius y Robby

Cuando el comandante Adams exige hablar con el resto de la colonia, Morbius le responde que todos «sucumbieron a cierta especie de fuerza planetaria, una fuerza siniestra, avasalladora e incomprensible». Como diría mi padre: seguro que fueron gases. Esa es su respuesta para casi todo. Y su porcentaje de aciertos se mantiene elevado, creedme.

En ese momento, Altaira (Anne Francis), la hija de Morbius, se presenta en la sala y… ¡Guau! Haminah, haminah, haminah… Eso es lo que yo llamo una gachí espacial. Y en los cincuenta, las minifaldas ni siquiera estaban de moda.

Planeta prohibido - Altaira

Sobra decir que después de pasar un año sin compañía femenina, la chica crea un gran impacto entre los tripulantes, que se la comen con la mirada delante de su padre. Mal día para llevar pantalones holgados, chicos.

Altaira, sin embargo, es de lo más inocente, y a sus diecinueve añitos no ha conocido varón. Para que os hagáis a la idea de lo cándida que es, esto es lo que le suelta al trío de gorilas en celo:

Altaira: Eres bonito, doctor. También los de los lados son increíbles.

¡Aak, ook, chee!

El teniente Farman no pierde el tiempo y acompaña a la chica a la terraza para flirtear con ella a espaldas de su comandante, al que no duda en tachar de mujeriego o algo peor. Y aunque su estrategia de servir café y poner a su jefe a caer de un burro no da grandes resultados, sí nos deja diálogos sugerentes.

Altaira: ¿Por qué te empeñas en servirme si tú no eres Robby?
Farman: No me importaría ser Robby en ciertos aspectos. Solo en ciertos aspectos, desde luego.

«Quiero seguir teniendo pene. Je, je».

Planeta prohibido - Farman, conquistador galáctico

Vista la situación, el comandante Adams decide que tendrá que contactar con la base y pedir nuevas instrucciones, para lo cual necesitarán construir un estrafalario aparato de comunicaciones.

Mientras los hombres y el robot trabajan, el teniente Farman acompaña a Altaira al bosque y trata de convencerla de los asombrosos beneficios del beso.

Farman: Es bueno para uno, estimula todo el sistema. No se puede mantener equilibrada la salud sin besar.
Altaira: ¿De veras? Yo no sabía eso.
Farman: Será para mí un placer demostrárselo.
Altaira: Pues muchas gracias, teniente.

El teniente Jerry «Aprovechado» Farman la besa, y la chica responde con las palabras que más me gusta oír de boca de una mujer:

Altaira: Bueno, ¿ya está? ¿Eso es todo?

Planeta prohibido - Solo un beso

La cara del teniente es un poema. Pero quizá todavía pueda arreglarlo. Dicen que a la tercera va la vencida.

Altaira: No sé, teniente, debe de haber algo en mí que no funciona bien, porque no he sentido estímulos de ninguna clase.

¡Abortad la misión, repito, abortad la misión!

El comandante Adams descubre a la pareja y, celoso, amonesta al teniente, que se retira con una colección de trofeos al peor donjuán del Universo.

Ya a solas con la chica, Adams le advierte que se ponga algo más de ropa cuando se pasee delante de sus hombres. La pobre, sin comprender nada en absoluto, le responde que qué tiene de malo la que lleva puesta. La diseñó ella misma, ¿sabéis? Ay, mi niña… Qué boba eres.

Adams pierde la paciencia y arremete con una frase tronchante:

Adams: ¡Váyase antes de que tenga que echarle de esta zona con una guardia! ¡Y con otra guardia que vigile a los guardias!

Este hombre siempre tuvo talento para la comedia.

Planeta prohibido - Adams y la moda

Altaira le cuenta todo a su padre, que se lo toma con increíble calma y estoicismo. Eran los años cincuenta, así que estaba bien tratar a las mujeres como trapos.

La muchacha, no obstante, decide hacer caso al comandante y llama a Robby con la intención de que le confeccione un vestido nuevo. Robby se retrasa un poco en presentarse y su ama se lo recrimina.

Altaira: ¿Dónde te habías metido? Te he llamado mil veces.
Robby: Perdona, Altaira, es que estaba autoengrasándome.

Por favor, decidme que no tengo la mente sucia y que al leer eso habéis pensado lo mismo que pienso yo.

Planeta prohibido - Robby se autoengrasa

Dejando atrás este festival de chistes verdes, nos ponemos serios un momento. Al caer la noche, una criatura invisible se infiltra en el crucero espacial y sabotea algunos aparatos. Es hora de que el comandante tenga algunas palabras con Morbius.

Pero antes… ¿Qué tal una visita a su hija? ¿Mientras se baña en un estanque quizá? A mí me parece una idea excelente.

Supongo que si estáis acostumbrados a un Leslie Nielsen con el pelo cano y entrado en carnes, os extrañará verlo en el papel de héroe y galán a lo Cary Grant; pero no solo encaja perfectamente, sino que aporta una nueva dimensión a la película. Yo no puedo permanecer serio mirando a Nielsen a la cara.

Ah, ¿y cómo obviar estas líneas?

Adams: Altaira, usted es en todo momento preciosa.
Altaira: Entonces, ¿por qué no me besas como hace todo el mundo?

O la chavala aprende deprisa o la tripulación ha aprovechado al máximo la pausa del bocadillo.

Planeta prohibido - La pérdida de la inocencia

Tras compartir un beso apasionado con Altaira y matar a un tigre en un acto que representa el paso de la inocencia a la madurez (asentid con la cabeza y no le deis más vueltas), el comandante entra en la residencia acompañado del doctor Ostrow.

Morbius les sorprende husmeando en su despacho y decide que ha llegado la hora de centrarse en el argumento y no en las piernas de su hija.

Así, oímos hablar por primera vez de los krell, una raza superior que se extinguió hace miles de siglos y a la que Morbius lleva estudiando veinte años dentro de su limitado entendimiento. Guau, suena apasionante, doctor, cuéntenos más.

Morbius conduce a Adams y Ostrow a uno de los laboratorios krell, donde les muestra una máquina que duplicó su cociente intelectual, permitiéndole construir a Robby y resolver el cubo de Rubik sin cambiar las pegatinas. Además, la máquina también sirve como medidor de inteligencia y reproductor de imágenes en 3D. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad.

Planeta prohibido - Superador cerebral

Las discusiones sobre la necesidad de compartir la tecnología krell con el resto de la humanidad se interrumpen cuando el comandante recibe una llamada de la nave informándole de que uno de los hombres ha sido asesinado. Lo mató una criatura invisible cuyo único rastro son unas huellas enormes que, según el doctor Ostrow, van contra «todas las leyes conocidas de la adaptación evolutiva». Asombrosamente, coincide con mi opinión sobre los Pokémon.

Adams, por algún extraño motivo, sospecha de Robby el Robot, a pesar de que: punto uno: ha quedado establecido que Robby es inofensivo para los humanos; punto dos: durante el ataque, Robby estaba destilando doscientos litros de auténtico whisky de Kansas City para el cocinero de la nave; punto tres: echad un vistazo al molde que sacan de una de las huellas.

Planeta prohibido - Señora huella

Morbius advierte al comandante que el siguiente ataque será «más mortífero y general». Adams se lo toma como un ultimátum y ordena montar un perímetro defensivo e instalar baterías láser alrededor de la nave. No sé a vosotros, pero a mí me encanta toda esta parafernalia militar a lo II Guerra Mundial. Solo falta el discurso de ánimo a las tropas, algo como «Solo quiero desearles suerte. Contamos con ustedes».

Al caer la noche, el monstruo ataca de nuevo y, aunque solo es un dibujo animado pintado sobre el celuloide fotograma a fotograma, resulta muy vistoso y, sorprendentemente, nada ridículo. Nada que ver con los monstruos de goma característicos de las pelis de ciencia-ficción de serie B.

La bestia es inmune a los láser, y aplasta a varios hombres como si fueran moscas, entre ellos al teniente Farman. Aunque después de su fiasco con Altaira, tampoco es que le quedaran muchas razones para vivir, estaréis de acuerdo conmigo en que esa no es forma de morir. Como decía Frank Drebin en «Agárralo como puedas»:

Un paracaídas que no se abre… eso sí es forma de morir. Quedar atrapado en el engranaje de una máquina, que un lapón te muerda en los huevos, ¡así es como yo quisiera morir!

Dios salve a Frank Drebin.

Planeta prohibido - El monstruo

Morbius despierta en su residencia y, casualmente, la bestia se desvanece en ese mismo instante. Mera coincidencia, como el hecho de que mi casa huela raro y yo no saque la basura.

Preocupados, Adams y el doctor Ostrow discuten sobre la naturaleza de la criatura.

Ostrow: Ningún organismo bastante sólido sobrevive a tres billones de voltios electrónicos si no está hecho de sólida materia nuclear. Y por su peso se hundiría hasta el centro del planeta.
Adams: ¡Usted mismo lo ha visto erguido en medio de esos rayos de neutrones!
Ostrow: Ahí está la respuesta. Debió de estar renovando su estructura molecular de microsegundo en microsegundo.

La cara de «Haré como que lo entiendo, a ver si se calla» de Nielsen no tiene precio.

Planeta prohibido - Adams lo pilla todo a la primera

Para todo lo demás, MasterCard.

Finalmente, gracias al sacrificio de Ostrow, Adams descubre que los krell habían inventado una máquina capaz de convertir cualquier pensamiento en realidad, liberándose de la dependencia del instrumental físico. Sin embargo, los krell no contaron con el terrible poder del id, del subconsciente. Así se da cuenta de que el monstruo invisible no era sino la exteriorización del lado oscuro de Morbius, que mató a sus colegas veinte años atrás cuando quisieron regresar a la Tierra y ahora desea evitar a toda costa que se lleven a su hija.

Esta revelación deja a Morbius consternado y, al renunciar a la bestia, el esfuerzo le deja moribundo. Con sus últimas palabras, Morbius indica a Adams cómo accionar el mecanismo de autodestrucción del planeta. Oh, sí, no podía faltar uno de estos.

Planeta prohibido - Foto perfecta para el reverso del DVD

El comandante huye de Altair IV con Altaira y Robby, y así acaba esta obra maestra de la ciencia-ficción. Una película no solo entretenida para los niños, sino también repleta de reflexiones para los adultos.

Te recordaremos siempre, Leslie Nielsen.

Puntuación: 4,5 robots interplanetarios sobre 5.

Planeta prohibido - Puntuación

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Categorías: Cine-TV

8 comentarios

  • Dav
    7/12/2010 | 15:52

    Larga vida a Leslie Nielsen, que no muera nunca en nuestros corazones.

    Responder a Dav
  • José Correa
    7/12/2010 | 22:28

    Genial análisis, Leslie te recordaremos siempre.

    Responder a José Correa
  • gatoloco
    8/12/2010 | 3:11

    «la pantalla táctil del iPhone no es nada comparada con la superficie táctil de una mujer esclava de Orión.»
    Desde que salio ese artefacto he pensado en lo mismo

    Responder a gatoloco
  • sinuhloa
    8/12/2010 | 21:34

    La vi el finde pasado con unos amiguetes, es bastante lenta pero a mi me encantó

    Responder a sinuhloa
  • Anonimatus
    9/12/2010 | 22:24

    Recuerdo haber visto este peliculón hace años. Si no fuera por los androides de la Guerra de las Galaxias, Robby sería el robot más famoso de la Ciencia Ficción.

    El monstruo invisible daba realmente miedo y uno no podía saber si el Doctor Ostrow era el villano que parecía ser.

    También destacaría la originalidad del guión, lo innovadora que fué la película en su época y los toques de humor que sólo entienden los adultos (como en las pelis de Pixar)

    Años más tarde me llevé una sorpresa descubrir que el comandante era Leslie Nielsen.

    Responder a Anonimatus
  • otyluna
    10/12/2010 | 0:40

    saludos. este año van a hacer especial de navidad ??

    Responder a otyluna
  • El Tipo de la Brocha
    10/12/2010 | 7:58

    @otyluna: Una raza de súper-babosas del planeta Cripton (no confundir con Krypton) están tomando esa decisión en estos precisos instantes. Algún artículo navideño caerá, eso seguro.

    Responder a El Tipo de la Brocha
  • Omac
    15/12/2010 | 20:29

    Imposible no recordar la aparición fugaz de Robby en Gremlins…

    y aqui documental en youtube sobre su vida (de Robby)
    http://www.youtube.com/watch?v=KCEnG1Qiv_w

    Responder a Omac

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