Banjo-Tooie
por Filosente
Normalmente, cuando entras en un sitio nuevo, y más si ese tiene cierto estilo, tiendes a llegar y presentarte. Ya sabéis: dices tu nombre, lo guapo que eres, dejas un par de enlaces “a lo spam” casi sin querer de magnas obras tuyas con fotos a torso desnudo y número de teléfono incluido…
Bueno, eso último quizá no… Pero no estaría mal, ¿eh?
Pero bueno, a mi no me dan un plato de garbanzos mustios cada 18 ciclos lunares por hablar de mis aficiones narcisistas, así que vayamos al lío..
¿Qué es marrón y rojo, tiene cuatro patas, dos brazos, dos alas y presenta dos personalidades muy definidas y completamente diferentes? No, no me refiero a q256 recién levantado por las mañanas, sino a dos personajes que forman la pareja más añorada por todos aquellos que en su día tuvimos una Nintendo 64…
Mi nombre es Filosente, y ellos son Banjo y Kazooie.
La vida de un gran videojuego no acaba cuando completamos la última pantalla, y menos aún en el caso de una entrega de Zelda. Tras superar la aventura principal, llega el momento de explorar las misiones secundarias que queden por completar o, si somos osados, de averiguar que hay de cierto en algunos de los secretos y bugs que circulan por los mentideros de internet.
El hecho de que a día de hoy “The Legend of Zelda: Ocarina of Time” siga ocupando un lugar destacado en el corazón de los jugadores no es una cuestión de mera casualidad. Si se ha ganado este puesto es porque no solo fue un juego revolucionario en su momento, sino que consiguió cautivar nuestros corazones con su historia. Una historia que, aunque bebía de los patrones clásicos de la saga, supo reinventarse de forma brillante en tres dimensiones.
Prestad atención, porque estáis sin duda ante el artículo-tributo más importante que se haya publicado en esta web hasta la fecha. El artículo que, en definitiva, le debíamos en ion litio a uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos: “The Legend of Zelda: Ocarina of Time”.
