‘Las Tortugas Ninja’, los cómics de Eastman y Laird (II)
por El Tipo de la BrochaEste artículo es una continuación de: ‘Las Tortugas Ninja’, los cómics de Eastman y Laird
Mira que empezar a escribir sobre los cómics de las Tortugas Ninja y dejar abierto el tema para un segundo artículo en lugar de cerrarlo y olvidarme para siempre de él. Debo de ser imbécil. Además, ¿a quién narices pueden interesarle las Tortugas Ninja a estas alturas? A mí no, desde luego. Y maldita la gana que tengo de repasar 16 números más de la colección cuando podría estar jugueteando con mi n… ¡Oh!, estáis ahí. Ejem.
¡Guau, las Tortugas Ninja! Qué buenos recuerdos, ¿eh? La serie de dibujos, los muñecos… Qué grandes. Ja, ja, ja… Y antes de todo eso, también estaban los cómics. No podéis imaginaros cuánto me gustan y qué ganas tenía de seguir hablando de ellos. Sí, me encanta pasarme largas horas encerrado en mi casa, delante del ordenador, escribiendo sobre tortugas mutantes y dinosaurios espaciales.
Cielos… Dadle al play. O lo que sea.

Con un título tan poco descriptivo y confuso, no sé si os haréis a la idea del tema que trataremos hoy. Por si acaso, me permito aclararos que pienso hablar del ser y la existencia analítica del ser como acto y como hecho. O tal vez de
La Navidad está tan cerca que es imposible ver un rato la tele sin tragarse tropecientos anuncios de juguetes. ¿Qué mejor excusa que esa para desempolvar el viejo baúl y hablar de unos muñecos que se vendieron como churros hace ya más de quince años? Solo quienes fueron críos en el momento adecuado pueden comprender el bombazo que supusieron 
