Juegos imposibles de los 8 bits: ‘Salamander’
por Ruboslav
Proseguimos con el tándem Konami-MSX con un producto claramente infernal debido a su dificultad. “Salamander” es una secuela de “Nemesis” pero no me preguntéis cual porque no lo tengo claro. Con esta saga, Konami hizo un pifostio de nombres sólo comparable a “Rambo” (Ya sabeis: “Acorralado”, “Rambo”, “Rambo III” (¿?), “John Rambo”) y no diferencio entre “Gradius”, “Nemesis”, “Nemesis II”, “Salamander II”, etc. puede que incluso alguno sea el mismo con nombre cambiado. A saber.
“Salamander” es el típico juego arcade de naves en el que… ¡se podía jugar a dobles!. Eso hoy día es una chorrada pero de aquella no os creáis que había muchos juegos con esa capacidad y en una casa en la que éramos cuatro hermanos, poder jugar dos simultáneamente era muy valorado. Es por eso que este juego pasó a ser uno de nuestros favoritos en cuanto me lo regalaron. La ilusión inicial pasó a una leve decepción cuando vimos lo elevado de su dificultad. Al fin teníamos un juego de naves al estilo de las recreativas pero seguramente inacabable.
Quien sea suficientemente veterano, recordará la época de “las microcomputadoras de 8 bits” porque en aquellos tiempos los ordenadores aún eran computadoras, que sonaba mejor y hacían cosas como que KITT AKA
Ya os he hablado en el pasado del aula de informática de mi colegio, un pequeño cuarto situado en un lateral del gimnasio repleto de ordenadores MSX en el que los alumnos apuntados a dicha actividad extraescolar nos dedicábamos la mayor parte del tiempo a jugar a videojuegos como
Gráficos punteros, sonido espectacular, largo, rejugable, innovador, cargado de ritmo, fases de bonus, power ups, jefes finales, objetos coleccionables, atajos ocultos, entornos variados, finales alternativos… No, no estoy hablando del último pelotazo de las consolas de nueva generación, ni mucho menos.
En el colegio en el que estudié la EGB (sí, pertenezco a la última generación que cursó su enseñanza mediante dicho plan educativo) había un aula de informática. En dicho aula de informática, había, evidentemente, ordenadores. Y un profesor con muy mala leche. Con aquellos ordenadores, los chavales que estábamos apuntados a la actividad extraescolar de idéntico nombre, “aprendíamos” informática. Y enseguida entenderéis por qué he entrecomillado el verbo .
