‘Los Diez Mandamientos’ (1956)
por El Tipo de la Brocha
La semana pasada algunos celebrábamos tener un par de días libres, y otros, la Semana Santa, esa fiesta litúrgica en la que, según “Misión: Imposible 2”, los españoles quemamos figuras de santos.
Y como viene ocurriendo cada año desde que tengo uso de razón, pasaron por televisión “Los Diez Mandamientos” de Cecil B. DeMille; a mi juicio, y junto a “Ben-Hur”, una de las mejores películas bíblicas que se ha hecho en la historia del cine de los Estados Unidos.
Esto, por supuesto, no quita que uno acabe hasta el gorro de verla. Quizá por este motivo, Antena 3 optó por una versión más reciente del mismo título y que apestaba como los pescados de Ordenalfabetix en un día de sol.
Evidentemente, a la película que vamos a pegarle un repaso hoy es a la versión clásica que todos conocemos y que podríamos apellidar como “la de Charlton Heston”, porque el tío era una gran estrella en su tiempo y, gracias a “El Informal”, también quedó inmortalizado para una generación posterior. En palabras del chocarrero personaje:
Bueno, bueno, bueno, soy Charlton Heston, y esta película es la polla con cebolla, os lo digo yo. Adelante con el artículo, Culebras.
El Éxodo (en Technicolor®)
Nuestra historia comienza exactamente igual que en las Sagradas Escrituras: con una épica obertura de Elmer Bernstein y un señor mayor con corbata delante de un micrófono. Este hombrecillo ―el propio DeMille, en realidad― nos habla del trasfondo del filme y nos informa, comprensivo, de que habrá un intermedio para ir al servicio y echar un “piti”. Me parece bien, porque la película dura casi cuatro horas, y yo no quiero saber cómo suena una vejiga cuando estalla, sobre todo si es la mía.
Después del discurso y del chorreo de créditos, comienza, ahora sí, la película. Una voz superpuesta nos habla del nacimiento de un hombre que salvará a los hijos de Israel de la dominación egipcia. El gran sacerdote, que debía de estar con las orejas desplegadas, también se entera de la noticia, y aconseja al faraón Ramsés I que ordene la muerte de todos los varones recién nacidos. El faraón se lo piensa tanto a la hora de decir que sí como yo cuando me ofrecen una toallita húmeda después de comer costillas en el Tony Roma’s.
Sólo un bebé se salva de la masacre, al ser confiado por su madre a las aguas infestadas de cocodrilos del Nilo. Metido en una cesta y vigilado de cerca en todo momento por su hermana, el bebé llega a donde están bañándose la hija del faraón y sus siervas. No os engañéis: como es una película de los años cincuenta, todas las mujeres están vestidas.
Bithia, la hija del faraón, encuentra la cesta y, obedeciendo al tictac de su reloj biológico, decide adoptar al bebé, bautizándolo con el nombre de Moisés (“hijo del agua”, en egipcio antiguo). Al parecer, a nadie le extraña que, con un marido muerto y sin haber estado nunca embarazada, la hija del faraón aparezca de un día para otro con un niño de pecho, y con los años Moisés se convierte en príncipe y general de los ejércitos del nuevo faraón Seti I, hermano de Bithia. ¿Qué sé yo? Pensarían que al niño lo había enviado Osiris por DHL Express.

Entre Moisés y Ramsés, hijo del faraón, hay un pique tremendo. En primer lugar, a Ramsés (interpretado por un majestuoso Yul Brynner) no le cabe en la cabeza que, siendo él el hijo de papá, su primo aspire también al trono. Y en segundo lugar, ambos beben los vientos por la princesa Nefertari, papel que Anne Baxter arrebató a Audrey Hepburn porque la segunda no daba la talla… de sujetador. Ya conocéis el dicho: “En caso de duda, la más tetuda”.
Además, mientras que Moisés acumula victoria tras victoria al mando de las huestes egipcias, Ramsés ni siquiera es capaz de levantar una ciudad del tesoro de nada para celebrar el jubileo.
Con la esperanza de que acabe este rifirrafe, el faraón ordena a Moisés que se ocupe de la construcción de la ciudad y a Ramsés que encuentre y aprese al Libertador, si es que no es un cuento chino como las hazañas sexuales de Gene Simmons.

Al poco de su investidura, Moisés comienza a aplicar ideas revolucionarias a las obras, como establecer jornadas no laborables, dar de comer a los esclavos y otras barrabasadas socialistas muy mal vistas por los egipcios.
Ciertamente, en un tiempo en el que el término prevención de riesgos laborales significaba “procura no estar debajo de un cascote enorme cuando caiga”, los actos de Moisés rozan la traición, y Ramsés, que es un acusica, no tarda en chivarse al faraón. Pero la ciudad está quedando fetén y el faraón comienza a pensar que su hijo no vale ni para tirar de un carro.
Sin embargo, una vieja nodriza que estuvo con Bithia cuando ésta sacó a Moisés del Nilo, le confiesa la verdad a Nefertari, ya que teme que un hebreo pueda llegar a reinar en Egipto (es de las que, siendo demócrata, votaría a John McCain). La princesa, una arpía digna de culebrón latinoamericano, defenestra a la nodriza para que la verdad no llegue a oídos de Ramsés; pero Moisés se presenta instantes después en los aposentos de la princesa y se acaba enterando de todo.

Desenmascarado su pasado, Moisés el príncipe desaparece y se une a su pueblo como esclavo, es decir, se deja una barba de dos o tres semanas y se queda en taparrabos.
Una noche, Moisés entra en casa del maestro de obras para explicarle que el mobbing no mejora la motivación laboral y se encuentra a Josué, un tallista hebreo, atado entre dos columnas y recibiendo los besos del látigo del maestro de obras. Moisés interrumpe la sesión amo-esclavo y, como quien no quiere la cosa, estrangula al maestro de obras. Luego confiesa a Josué que él también es hebreo, y el tallista comprende que Moisés es el que traerá el equilibrio a la Fuerza y restaurará la paz en la galaxia.
Oculto en las sombras, Dathan, jefe hebreo de capataces, presencia la escena y se lo cuenta todo a Ramsés a cambio de que éste le nombre gobernador y le entregue a la chorba de Josué, Lilia, una chica mona que los guionistas se sacaron de la chistera.

Una vez apresado y llevado a presencia del faraón, Moisés dice que él no es el Libertador pero que, si pudiera, libertaría a los hebreos, porque todos los hombres son iguales y bla, bla, bla, rollo, rollo. Como castigo por su traición, Moisés es condenado al exilio. (La verdad, donde esté el Moisés bíblico, que primero oculta al muerto bajo la arena y luego huye de Egipto a todo correr, que se quiten todos los héroes deshumanizados de Hollywood.)
Tras una dura caminata por el desierto, Moisés llega hasta la tierra de Midian, donde es recibido entusiastamente por las siete hijas del jeque beduino Jetro. Moisés demuestra a las chicas lo macho que es repartiendo estopa entre tres abusones y después decide hacerse pastor de ovejas y quedarse a vivir en la casa de Jetro, tomando como esposa a Séfora, la más talludita de las siete hermanas.
Varios años más tarde, un moribundo Josué se presenta en casa de Moisés y le ruega que regrese a Egipto y salve a sus hermanos del yugo de Ramsés II, el nuevo faraón. Pero Moisés empieza a estar cansado de que le metan en todos los embolados y sube al Monte Sinaí a tener una charla con el Mandamás.
Allí, una zarza que arde sin consumirse se identifica como el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Moisés se muestra comedido y no le pregunta si se trata del mismo dios que expulsó a Adán y Eva del Jardín del Edén, condenó a Caín al destierro, provocó el Diluvio Universal, confundió la lengua de los habitantes de Babel, e hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. En fin, todos podemos tener un mal día, y Dios lleva ahí desde el principio de los tiempos.
La Zarza es consciente del sufrimiento de los hebreos, pero se ve que por pereza lo ha ido dejando para otro día…, tampoco era tan urgente… La historia de siempre. Y como Moisés está de paso, le pide que saque a los hebreos de Egipto y, por si alguna gachí pregunta, también le revela su nombre: YO SOY EL QUE SOY. Supongo que Tim no es tan impresionante.

Cuando Moisés baja del monte y se reúne con Josué y su esposa, sus cabellos son más largos y han encanecido. Se dice que efectos semejantes se han producido en quienes han visto al Monstruo Espagueti Volador. En cualquier caso, Moisés tiene clara su misión: debe coger el primer tren para Egipto y libertar a su pueblo.
Continuará…
Fuentes
“The Ten Commandments” en IMDb
“The Ten Commandments (1956 film)” (Wikipedia en inglés)








Ramses, libera mi pueblo…
Que pena que sea muy de vez en cuando cuando (y cuando) haces una entrada. Son siempre de una calidad tremenda
Cuando vi el teletexto y me di cuenta de que, el día después de haber echado los 10 mandamientos en telemadrid, iban a emitirla en antena 3…, no me lo creí, no creo posible tanto machaque (si lo creo, pero con películas diferentes). Luego ya ví que era una versión moderna, mi duda quedó aclarada y apagué la televisión. Son vacaciones o son una semana para que veas la tele y te hagas religioso? Y eso que ahora no es tan exagerado como antes…está claro que son películas muy buenas, pero que sea eso lo único que puedas ver en semana santa…o aún peor, que no puedas verlas fuera de ella…
jajaja que buen resumen de la película, como me he reído
Fantastica entrada! Echaba de menos también tus intervenciones. Tu forma de escribir se hace muy ligera y divertida y comparto plenamente la aficion por el director y la pelicula. Un tono muy acertado para juzgar con humor y sensatez una peli que como verano azul se repone cada año y sigue emocionando y dando audiencia por increible que parezca.
un saludo
aik
Estos guiris valían pa tó en las superproducciones de los años 50-60. Lo mismo te interpretaban un romano, que un egipcio, que un judío. Luego la gente se quejaba de que los persas eran negros en 300. XD. Gran artículo lo que me he reido, estoy ansioso por la 2º parte.
Será rojelio el Moises este. Y lo proximo iban a ser las 35 horas semanales. Y con todas las penalizaciones por retraso que tiene la construccion de piramides (cocodrilos, hormigas del desierto,…)
Está bien el artículo. Es largo, pero se me ha hecho corto.
Eso sí, como película histórica de Charlton Heston , me gusta más “Ben-Hur”.
Qué mítica película. Por cierto, cómo te has extendido… y eso que continuará…
Estuve a punto de no leer el post por su título, pero al leer la frase del Informal cambié de idea. xD
Creo que procuraré ser un poco más breve en la segunda parte del artículo. Es que me pongo a escribir y me pierdo.
En fin, me alegro de que os haya gustado.
Escribir mucho no es malo, y menos aún si lo haces con la soltura con que lo haces tu.
A quien le gusta escribir, es fácil de leer.
Odio esas peliculas de tanto que las repitieron en tv abierta TOT
estubo….meh
Uf… Menos mal que hemos podido recuperar su acertado comentario, señor repito. Estábamos muy preocupados por aquí, entre bambalinas.
Al fin y al cabo, son críticas como la suya, muy señor mío, las que nos hacen mejorar cada día. Y sí, me refiero a críticas de dos palabras escritas con el corazón. Aunque, por supuesto, sólo prestamos atención a las que tienen faltas de ortografía o utilizan palabras que ni siquiera figuran en el diccionario. De ahí que la suya nos haya llamado especialmente la atención.
Gracias.
Además lo dice sin tapujos eh, las cosas claras se entienden mejor…bueno, no siempre…
Y tiene hasta página Web..
http://www.meh.me.uk/
[…] Este artículo es una continuación de: ‘Los Diez Mandamientos’ (1956) […]
[…] ‘Los Diez Mandamientos’ (1956): El Tipo de la Brocha ha escrito uno de los mejores textos de la historia de Ion Litio, al menos en mi humilde opinión. Un auténtico descojone […]
Ja, no aguantáis nada, no todo puede ser flores y comentarios bonitos :3
Pués hasta el momento así ha sido, al menos en esta entrada…, comentarios bonitos, algún enlace y…ahm sí, un comentario ilegible…que si bien pretendía ser una crítica creo que no ha llegado ni a entenderse…
Los Diez Mandamientos, esa gran película…
"Bueno, bueno, bueno, soy Charlton Heston, y esta película es la polla con cebolla, os lo digo yo. Adelante con el artículo, Culebras." Una revisión a la película de Semana Santa por antonomasia, con repaso a los momentos más cachondos (…
pues la verdad no estuvo mal como yo no tengo cesos para leer no me gusto nada