Juegos imposibles de los 8 bits: ‘Maze of Galious’
por Ruboslav
Quien sea suficientemente veterano, recordará la época de “las microcomputadoras de 8 bits” porque en aquellos tiempos los ordenadores aún eran computadoras, que sonaba mejor y hacían cosas como que KITT AKA “El coche fantástico” pudiera hablar entre otras maravillosas capacidades.
Para ser más concretos, me estoy refiriendo a los Spectrum, Amstrad, Commodore y MSX. Unas bestias pardas con un hardware increible-ble, a saber: procesadores Z80 de 8MHz y 64 KB de RAM (el primer Spectrum tenía incluso menos). Yo era uno de los pijos privilegiados que contaban con un MSX. Digo privilegiado porque aquella máquina era más potente que las demás, dado que si se aprovechaba su potencial, se veía claramente que estaba a años luz. Lamentablemente, la gran mayoría de las desarrolladoras hacían una burda conversión de Spectrum a MSX con lo que el juego dejaba bastante que desear visualmente, excepción hecha de Konami que sí se tomaba en serio el crear juegos para este estándar.
Empero, esta calidad extra tenía un precio y es que muchos de sus juegos eran virtualmente imposibles de acabar aunque no era una cualidad exclusiva de Konami, como todo jugón de la época sabrá. Durante estas semanas voy a diseccionar algunos de los juegos ochenteros más chungos de terminar. Si me lo permitís, empezaré por los de Konami para que veais su nivel de demencia (que ya era mucho decir en aquel entonces) y por ser más desconocidos que otros que sí fueron multiplataforma, ya que por aquel entonces la compañía nipona sólo producía juegos para MSX.
Gráficos punteros, sonido espectacular, largo, rejugable, innovador, cargado de ritmo, fases de bonus, power ups, jefes finales, objetos coleccionables, atajos ocultos, entornos variados, finales alternativos… No, no estoy hablando del último pelotazo de las consolas de nueva generación, ni mucho menos.
En el colegio en el que estudié la EGB (sí, pertenezco a la última generación que cursó su enseñanza mediante dicho plan educativo) había un aula de informática. En dicho aula de informática, había, evidentemente, ordenadores. Y un profesor con muy mala leche. Con aquellos ordenadores, los chavales que estábamos apuntados a la actividad extraescolar de idéntico nombre, “aprendíamos” informática. Y enseguida entenderéis por qué he entrecomillado el verbo .
