El campeón del videojuego
por El Tipo de la Brocha
Recuerdo el día en el que conocí al jefe en persona como si fuera ayer. Ocurrió a finales de abril del año pasado. Aquella mañana había eliminado al último clon de Stalin en una lucha épica sobre las cúpulas de la catedral de San Basilio, y, después de regresar a casa a bordo de mi Ala-X, tenía toda la tarde libre por delante.
Las Ondinas del Rin me aguardaban impacientes en la Brocha-Cueva; pero aquel día tenía una cita mucho más importante. Dos factorías andantes de nostalgia generacional iban a encontrarse cara a cara. Era un momento histórico, como cuando Franco y Hitler se estrecharon la mano, pero sin bigotes ridículos y superando el 1,70 de altura.
Hechas las presentaciones y, tras discutir sobre la interpretación de los conciertos para piano de Rachmaninov realizada por la Orquesta Sinfónica de Malmö y encontrar la cura para el cáncer, el jefe y yo pasamos a otros asuntos de mayor enjundia.

Muy utilizado en los Time attacks, consiste en pulsar de nuevo el botón de salto cuando Mario se encuentra junto a una pared, de forma que sale rebotado hacia arriba como si se apoyara en la pared para realizar un nuevo salto. En teoría, este fenómeno se debe al sencillo sistema de cálculo que utiliza el juego para ajustar la posición horizontal de Mario. El juego calcula si Mario se encuentra en una posición que sea múltiplo de 16 y si hay un bloque sólido bajo él. Sin embargo, como parte del cuerpo de Mario está “dentro” de una pared, el sprite sale propulsado hacia arriba.
Para que el truco funcione, se necesita que Mario llegue a la pared con algo de velocidad y que la pulsación se realice en los huecos de unión entre 
