Red Dead Redemption: Undead Nightmare
por El Tipo de la Brocha
Cuando el amigo Cloro escribió su curioso análisis ficticio del “Red Dead Redemption”, respiré aliviado porque ya no me sentiría obligado a escribirlo yo mismo después de comprármelo. Y que conste que habiéndole echado una barbaridad de horas al condenado juego, estuve muy tentado de hacerlo de todos modos.
Sin embargo, ahora que Rockstar ha lanzado un contenido descargable relacionado con muertos vivientes, no me queda más remedio que hablar de él. Está claro el porqué: juego alucinante + zombis = los 9,99 euros que con más alegría me he gastado en la PlayStation Store.
Cuando hablé de
El volumen de negocio de la industria del videojuego ha crecido enormemente en los últimos años, y con él, lógicamente, el interés mediático a su alrededor. Así, mientras que hace unas décadas la escasa prensa no solía publicar más de un “previo” de un título antes de su salida, hoy tenemos acceso a infinidad de noticias, pantallazos, vídeos y todo tipo de explicaciones sobre los contenidos que podremos disfrutar en la práctica totalidad de los juegos que salen al mercado para las principales plataformas. Todo esto es aún más perceptible en el caso de los grandes bombazos.
La economía sigue parada, y el panorama laboral se parece mucho a un local de moda: hay más gente fuera que dentro. Así las cosas, mi pregunta es: ¿creéis que es un buen momento para gastarse casi cien euros en la edición especial de un videojuego? Desde luego que no, y, sin embargo, ahí tengo la caja del “Dante’s Inferno Divine Edition”, ocupando un lugar en la estantería junto a la serie completa de “Seinfeld”.
Cada vez que sale un videojuego de “Dragon Ball”, si tengo la videoconsola de turno, es casi inevitable que me lo compre el día mismo de su lanzamiento (salvo que salga a fin de mes y todavía no me hayan ingresado la nómina, lo cual, por fortuna, no suele ocurrir). En parte lo hago porque soy un gran aficionado a la obra de Akira Toriyama, y en parte porque de pequeño nunca me regalaron ninguno de los “Butoden” de la Super Nintendo, cosa que me frustró más de lo que me gusta reconocer.
