Nuestras añoradas colecciones de cromos
por Cloro
Muchas personas tienen tesoros, aunque en ocasiones sólo ellas conocen su verdadero valor. Para alguien ajeno a sus mentes se trata de simples objetos, pero nada más lejos de la realidad. Pueden ser relojes, monedas, soldados de plomo, minerales, bolígrafos, mecheros, llaveros, postales… la lista es inabarcable, pues prácticamente cualquier artículo del que exista una mínima variedad es susceptible de ser coleccionado. Dentro de este enorme abanico de opciones, hay una que ha gozado de especial éxito entre niños y jóvenes, pese a que en absoluto sea algo exclusivo de estas edades. Estoy hablando, por supuesto, de las colecciones de cromos.
En España, a lo largo de los años ochenta pudimos disfrutar de una amplísima oferta que abarcaba ámbitos tremendamente diversos. En el presente artículo realizaremos un breve repaso por las editoriales más destacadas y ahondaremos en las sensaciones y rituales asociados a este hobby que muchos hemos tenido la suerte de vivir.
Soy un desastre con patas. He hablado de
La productora catalana D’Ocon Films fue artífice de una de las series favoritas de mi infancia: 