‘Jack Nicklaus’, el videojuego de NES
por q256
Mi trayectoria como jugador tiene un punto de inicio claro: la NES de Nintendo, mi primera consola y con la que, por razones evidentes, comenzó mi pasión por los videojuegos.
A pesar de que nunca me han gustado los videojuegos deportivos, ya fueran de fútbol (con la excepción de mi querido “Nintendo World Cup”) o cualquier otro deporte como baloncesto, hockey sobre hielo, petanca o balón prisionero, lo cierto es que sí que hay un género deportivo que, en su versión videojueguil, me ha tenido enganchado mucho tiempo.
Se trata del golf, un deporte extremadamente monótono visto desde fuera. Un deporte al que, por otra parte, nunca he jugado en la vida real y que sin embargo atrae poderosamente mi atención en la virtual. El origen de esta afición, como ya os imaginaréis, tiene nombre propio: “Jack Nicklaus Golf”.
Para terminar esta semana especial dedicada a Halloween, he elegido un juego que no da miedo precisamente por su temática (el mundo de “La Familia Addams” siempre ha sido más cómico que terrorífico), pero sí lo daba por otro elemento inherente al mismo: su elevadísima dificultad. Estoy hablando del port del videojuego “The Addams Family” para la NES de Nintendo.
Salvo que pasarais la primera mitad de la década de los 90 viviendo debajo de una roca, los que seáis de mi quinta probablemente recordaréis la serie de dibujos animados “Capitán Planeta”. En ella, cinco estereotipos étnicos llamados a sí mismos los “planetarios” protegían la Tierra de la polución con ayuda de unos anillos mágicos que, entre otras coloridas giliflautadas, podían invocar al Capitán Planeta, un superhombre de piel azulada y mullet verde, cuya única debilidad era la propia contaminación que combatía. En definitiva, no solo se trataba de ganar pasta con los dibujos y su correspondiente merchandising, sino también de inculcar a los niños el respeto por el medioambiente.
Recuerdo un tiempo de peinados estrafalarios y ropas llamativas en el que si los niños Nintendo queríamos conocer los trucos de un videojuego, solo teníamos dos opciones: hacernos con una revista especializada en el quiosco, o ser socios del Club Nintendo y llamar por teléfono a tipos cuya única esperanza en la vida era ahorrar lo suficiente como para poder comprar un taburete y una buena soga.
