Un encuentro con Sus Majestades
por Cloro
Como siempre, Gabriel cenó un sandwich de jamon york y queso, sin tostar y sin corteza en el pan. Acto seguido se dirigió al salón, donde se acurrucó en su viejo y mullido sofá, se cubrió con su manta de cuadros y procedió a realizar un barrido por los distintos canales de su posesión más preciada: una pantalla plana de 50 pulgadas que valía cada céntimo que había pagado por ella. Era la noche de Reyes, con lo que se hacía muy complicado esquivar los contenidos navideños. Por fin, tras dos minutos de ejercicio dactilar, Gabriel vio ante sí la reconfortante figura de uno de sus actores favoritos.
A lo largo de sus tres décadas de vida podía haber visto perfectamente catorce veces “La jungla de Cristal”, pero daba igual. Siempre que la echaban se la tragaba hasta el final o se dormía en el intento, y esa noche no iba a ser una excepción.

Si el año pasado por estas mismas fechas recordábamos con humor el 
Si hay un símbolo más o menos universal de las fiestas navideñas ese es, sin duda, el árbol de Navidad. Un símbolo que se reinventa bajo mil formas diferentes (árboles hechos con botellas, árboles luminosos, árboles psicodélicos…) pero del que muchos (y yo incluido) desconocemos el origen.
