SkiFree
por El Tipo de la Brocha
En estas fechas tan entrañables por las que acabamos de pasar, en las que suelo estar más nostálgico y sentimental que de costumbre (con deciros que incluso suspendí las sesiones de tortura matutinas para dejar dormir una hora más a los presos), siempre acabo recordando aquellas grandiosas partidas a los “marcianitos” que echaba en casa de un amigo de la infancia, normalmente después de merendar. Esas tardes de diversión y entretenimiento videojueguil eran especialmente frecuentes en épocas como esta, cuando el invierno recrudecía y no podíamos salir a la calle a jugar.
En casa de aquel amigo conocí a Sonic el Erizo y a Alex Kidd, y también jugué a mis primeras aventuras gráficas: “Discworld”, “Gobliins” y una de unos estúpidos mayas cuyo nombre no recuerdo. Y entre aquellos juegos había uno al que, por su sencillez, siempre acabábamos dedicándole unos minutos. Se llamaba “SkiFree”.
Como siempre, Gabriel cenó un sandwich de jamon york y queso, sin tostar y sin corteza en el pan. Acto seguido se dirigió al salón, donde se acurrucó en su viejo y mullido sofá, se cubrió con su manta de cuadros y procedió a realizar un barrido por los distintos canales de su posesión más preciada: una pantalla plana de 50 pulgadas que valía cada céntimo que había pagado por ella. Era la noche de Reyes, con lo que se hacía muy complicado esquivar los contenidos navideños. Por fin, tras dos minutos de ejercicio dactilar, Gabriel vio ante sí la reconfortante figura de uno de sus actores favoritos. 
Si el año pasado por estas mismas fechas recordábamos con humor el 
