El roscón de Reyes
por El Tipo de la Brocha
Si hace dos días contados os preguntabais por qué en la semana de Reyes íbamos y publicábamos una reseña sobre un libro de monstruos marinos, sois unos listillos. Y no me gustan los listillos. A los listillos los atamos a la vía del tren.
¿Y qué si hemos pasado olímpicamente de escribir más artículos que guarden relación con estas fiestas? Y con “hemos” me refiero a los demás. Yo ya cubrí el cupo en Navidad.
Sin embargo, el jefe dijo que esta semana era toda mía a no ser que se le ocurriera algo, y, en mi infinita generosidad o soberana gilipollez, he redactado deprisa y corriendo este artículo sobre el roscón de Reyes, ilustrándolo con las primeras imágenes que he encontrado en Google. Deberíais estarme agradecidos, porque la alternativa era endosaros un reportaje que tenía en la remesa sobre las actrices más calientes de la serie B de los 80. Seguro que no os interesaba. Había montones de fotos.
Ya no se hacen Navidades como las de antes. No en la televisión. De hecho, he comparado la programación que había cuando yo era un crío y la de ahora, y puedo deciros que las cadenas cada vez dedican menos tiempo a los especiales navideños. O, al menos, a películas que, en espíritu, se acercan bastante a lo que representan estas fiestas, como, por ejemplo, “El Mago de Oz” de Judy Garland. Lo único que aumenta cada año son los anuncios de juguetes y la empanadilla mental de Su Majestad el Rey.
Si estabais por aquí hace dos años, quizá recordéis el artículo que escribí sobre 
En estas fechas tan entrañables por las que acabamos de pasar, en las que suelo estar más nostálgico y sentimental que de costumbre (con deciros que incluso suspendí las sesiones de tortura matutinas para dejar dormir una hora más a los presos), siempre acabo recordando aquellas grandiosas partidas a los “marcianitos” que echaba en casa de un amigo de la infancia, normalmente después de merendar. Esas tardes de diversión y entretenimiento videojueguil eran especialmente frecuentes en épocas como esta, cuando el invierno recrudecía y no podíamos salir a la calle a jugar.
