Muñecos que me avergüenza haber tenido
por El Tipo de la Brocha
He de confesar que el título del artículo es algo impreciso. Para ser del todo correctos, debería haber escrito: “Muñecos que me avergonzaría haber tenido, si a estas alturas pudiera avergonzarme de algo”. En cualquier caso, es fácil saber por dónde van los tiros.
Todos hemos tenido algún muñeco con el que nos hemos sentido incómodos. O, al menos, eso espero; de lo contrario, yo sí que me sentiré algo incómodo cuando terminéis de leer el artículo. Podía ocurrir, por ejemplo, cuando en la caja aparecía una franja de edad que ya habías superado. El juguete podía gustarte, pero tú no ibas a reconocerlo ni aunque te metieran astillas debajo de las uñas. Cuando comenzabas a superar en altura las rodillas de los adultos, ya tenías tu pequeña reserva de orgullo, así que, al ver el juguete, ocultabas tu cara de ilusión y hacías una mueca extraña, parecida a la que ponías cuando tu madre te servía un plato que no te gustaba.
Sin embargo, había algo mucho peor que recibir un juguete para niños pequeños. A veces…, a veces podían regalarte un juguete para niñas.
Me ha llevado mucho tiempo, pero por fin he reunido las fuerzas necesarias para desenterrar los viejos muñecos de
No engaño a nadie si digo que llevo mucho tiempo queriendo escribir este artículo. Hablar de
Aunque 