Muñecos de goma
por El Tipo de la Brocha
Tengo una buena noticia y una mala. La buena es que he recuperado algunas de mis cajas de juguetes del trastero de casa de mis padres. Sí, el mismo trastero del que hablé en el artículo sobre las figuras de acción de He-Man (pronto escribiré la segunda parte, palabra). La mala noticia es que en el proceso he sufrido una ligera metamorfosis. ¿Que cómo es eso? Pues veréis, en el trastero todo está cubierto de polvo. Incluso el polvo tiene varias capas de polvo encima. Y resulta que yo soy alérgico al polvo, así que cada vez que entro allí se me pone la cara como la superficie de Marte. Pero, claro, alguien tenía que entrar para sacar las dichosas cajas. Y ahora parezco el Hulk rojo.
Así pues, para que mi sacrificio no se olvide jamás, hoy voy a hablar de los juguetes más humildes de mi infancia: los muñecos de goma. Todos los habéis visto alguna vez. Son esas figuras pequeñas, de unos seis o siete centímetros de altura, fabricadas en goma o plástico blando, completamente inarticuladas, y coloreadas a mano. (Lo del plástico blando probablemente sea un eufemismo, porque si atinas a alguien en la cabeza con uno de estos muñecos, lo dejas tieso.)

¿Quién no ha oído hablar alguna vez del pueblo aurón? Pues, según Internet, bastante gente. Por la razón que sea, “Los Aurones” nunca fueron la serie de televisión preferida del niño español de los ochenta. Incluso los que nacieron en la época adecuada dicen que no les suena de nada, o que conocían la serie pero no la veían. Es más, a algunos chavales les daban yuyu sus protagonistas, unas marionetas feas de cojones y con la movilidad de un trozo de cemento.