Cosas raras, raras de ‘TRON’ (1982)
por El Tipo de la Brocha
Cuando no se muere un actor al que debo más de una carcajada, está a punto de estrenarse la secuela de una película de la que se dice que supuso toda una revolución para su género allá en los años ochenta. Así no hay manera de escribir sobre lo que a uno le viene en gana. Y es que si hay una regla que procuro respetar es aquella de no dejes pasar el momento. En la blogosfera no siempre llega otro autobús. Y además, el de la línea 12 siempre va con retraso.
“TRON” es una de esas películas que, teniendo una acogida más bien tibia en el momento de su estreno, luego acaban convirtiéndose en títulos de culto. Algunos la adoran, y otros la detestan. Los que la vieron en el cine la calificaron de visionaria y experimental; los que la ven ahora por primera vez, te dicen que es soporífera, que los protagonistas visten como payasos y que los efectos especiales son horrendos.
La verdad es que a mí tampoco me entusiasma este desfile de luces y mallas ajustadas. Yo era más de Video-Man, ya sabéis. Sin embargo, no me cuesta nada sentarme hora y media delante del televisor buscando detalles extraños en los que normalmente uno no se pararía a pensar y luego enumerarlos aquí.


