Los quioscos
por DGrumpy
Hasta hace no demasiados años, encontrarse un quiosco en cada plaza o confluencia de grandes calles era lo más normal del mundo. Pequeños lugares de obligado paso para señores con traje y bigote, que diariamente, a primera hora de la mañana, compraban la prensa y un paquete de tabaco. Casetas donde las Marujas de todo el vecindario iban a comprar las revistas del corazón y a ponerse al día de los cotilleos del momento.
Pero sobre todas las cosas, eran templos casi sagrados del ocio, la diversión y los alimentos de dudosa capacidad alimenticia para los niños del barrio, que de manera casi ritual acudían periódicamente con sus modestos ahorros de la semana, a estos frágiles puestos donde todo tipo de mercancía se apilaba en un par de metros de cuadrados.



Aunque por la antigua moneda a la que hace referencia el título, este artículo debería ir destinado a la generación que ahora ronda los veintimuchos o treintaypocos, lo cierto es que es una temática tan universal que cualquiera puede sentirse identificado con ella. Y más aun si tenemos en cuenta que en las tiendas de golosinas, chucherías o “chuches” de hoy en día podemos encontrar prácticamente los mismos productos que hace veinte años, con ligeros cambios y alguna que otra innovación.
