Jackie Chan en ‘La furia de Jackie’ (1971)
por El Tipo de la Brocha
Soy un gran admirador de Jackie Chan. Ni se me ocurre imitarle porque también soy tan torpe que probablemente podría desnucarme saltando del bordillo de la acera, pero me encantan sus películas. No tienen grandes argumentos y algunas de ellas, sobre todo sus últimas americanadas, son malas de campeonato; pero la mayoría cumple una función que yo considero primordial en el cine: entretener. Y ello se lo debemos a ese gran artista que es Jackie Chan.
La primera cinta que vi de su larga filmografía fue “Duro de matar”. La alquilé en el videoclub y debí de tragármela cuatro o cinco veces antes de devolverla. Las acrobacias, las artes marciales, la combinación de acción y humor, el carisma de Jackie, las tomas falsas, los piñazos… Todo ello me fascinaba, así que empecé a coleccionar sus películas, de las que hoy tengo más de cincuenta.
Así pues, y aunque quizá tarde para el tiempo que llevo ya escribiendo en ion litio, hoy comienza la que espero sea una prolija serie de artículos sobre las películas de Jackie.
Hay muchos videojuegos de nuestra infancia de los que guardamos un magnífico recuerdo, pues tienen el honor de habernos hecho disfrutar durante horas y horas de vehemente diversión. Sin embargo, todos somos conscientes de que muchas de esas sensaciones están magnificadas por efecto de la nostalgia y la impresionable visión que teníamos de pequeños. De hecho, si hoy día nos pusieran delante esos juegos, a la inmensa mayoría no dedicaríamos más de un minuto. En cambio, habría otros, muy pocos, a los que… ¡no podríamos parar de jugar! Es el caso del título que hoy vamos a recordar.
