En muchas grandes ciudades europeas existen “estaciones fantasma” de tren, estaciones que dejaron de utilizarse bien por ser reemplazadas por otras más modernas o bien por un cambio del trazado de las vías. Este fenómeno, por supuesto, también ocurre con otro tipo de trenes: los de la red suburbana (esto es, el Metro). Sin embargo, dadas las características del tren, resulta mucho más tétrica y sobrecogedora la existencia de una estación fantasma situada bajo tierra, como es el caso de la estación fantasma del Metro de Madrid.
En otras grandes ciudades europeas, como Londres, existen abundantes estaciones como ésta. En Madrid sin embargo sólo tenemos una, pero con el encanto suficiente como para convertirla en una historia digna de ser contada, propiciado el hecho porque la estación se encuentra especialmente cerca de dónde vivo.
Para comprender mejor la existencia de esta estación fantasma, debemos remontarnos a 1919, cuando arranca la historia del suburbano que recorre Madrid, con la inauguración de la primera línea. Adentrémonos en las entrañas de la ciudad para conocer el origen de la red de Metro.
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