Los Tours de Miguel Induráin
por Dandel
¿Qué edad podía yo tener? Ocho o nueve años. Como todo hijo de emigrante, pasé mis primeros veranos en la casa de mis abuelos, en Extremadura; para ser más exactos. Ese día quedó grabado para siempre en mi memoria.
Era la hora de la siesta, poco después de comer. En el salón estaba mi abuelo viendo la tele, en la que salían doscientos tíos vestidos de colores llamativos, montados en bicicletas y sudando la gota gorda. Y no era para menos, porque estaban escalando los Alpes, ni más ni menos.
El comentarista dijo algo así como que llevaban más de ciento ochenta kilómetros recorridos. Yo por aquél entonces no tenía demasiada idea de lo que eran ciento ochenta kilómetros, pero sí sabía que desde mi casa al pueblo de mis abuelos había alrededor de mil. Y eso eran diez horas en coche en el Talbot Solara de mi padre. Así que entenderéis por qué quedé bastante impresionado.
Existen deportes/competiciones realmente raras en el mundo. La de hoy es una de ellas. Un deporte consistente en apilar vasos de colores a toda velocidad, para a continuación recogerlos unos sobre otros. Todo ello cronómetro en mano y con su propio circuito mundial de competición, por supuesto.
Un juguete intemporal, que no puede encuadrarse en ninguna época concreta. ¿Quién iba a imaginar que algo tan simple como un disco de plástico podía dar tanto juego?
Ahora que 





