QWERTY. Ese es el nombre que recibe el teclado que ahora mismo tenéis ante vosotros. Y su nombre proviene, como ya imaginaréis, de tomar las seis primeras letras de la primera línea del teclado.
Ahora bien, seguro que a más de uno os sorprenderá saber que no siempre ha sido así y que, de hecho, existen alternativas a esta disposición de teclas, cada una con sus propias razones de ser.
Todo comenzó con la invención de la primera máquina de escribir, obra de Christopher Sholes, un editor de periódicos de Milwaukee. Originalmente, la máquina creada por Soles tenían las teclas colocadas en orden alfabético. Cada letra estaba colocada al final de una barra metálica que se estampaba en el papel cuando la tecla correspondiente era pulsada.
Sin embargo, cuando un operario aprendía la disposición de la máquina y adquiría cierta velocidad, la máquina comenzaba a atascarse. La razón es que, si se presionaban sucesivamente teclas adyacentes, las barras de ambas letras se enganchaban, obligando al usuario a desatascarlas manualmente. Por tanto, había que encontrar una solución.
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