Banjo-Tooie
por Filosente
Normalmente, cuando entras en un sitio nuevo, y más si ese tiene cierto estilo, tiendes a llegar y presentarte. Ya sabéis: dices tu nombre, lo guapo que eres, dejas un par de enlaces “a lo spam” casi sin querer de magnas obras tuyas con fotos a torso desnudo y número de teléfono incluido…
Bueno, eso último quizá no… Pero no estaría mal, ¿eh?
Pero bueno, a mi no me dan un plato de garbanzos mustios cada 18 ciclos lunares por hablar de mis aficciones narcisistas, así que vayamos al lío..
¿Qué es marrón y rojo, tiene cuatro patas, dos brazos, dos alas y presenta dos personalidades muy definidas y completamente diferentes? No, no me refiero a q256 recién levantado por las mañanas, sino a dos personajes que forman la pareja más añorada por todos aquellos que en su día tuvimos una Nintendo 64…
Mi nombre es Filosente, y ellos son Banjo y Kazooie.
Como de costumbre, vuelvo una vez más la vista al pasado para analizar “Half-Life”, un juego de 1998. Pero esta vez se trata de un análisis algo especial, porque voy a analizar el juego como si acabara de salir al mercado, ya que de hecho yo lo he jugado y terminado, por primera vez, hace un par de semanas. Sí, nunca había terminado “Half-Life” (sí que lo jugué en su día, pero no pasé de los primeros niveles). No obstante, ya he puesto remedio a ello. Así que lo que vais a leer no es un análisis basado en gratos recuerdos sino en la experiencia real de alguien que ha jugado a este juego 13 años después de su lanzamiento (medido en tiempo videojueguil, eso es casi un
Todavía no me creo que esté escribiendo este artículo. Un artículo en el que comento mis primeras impresiones después de jugar (¡jugar!) a la versión final de “Duke Nukem Forever”. Un juego que ha llegado por fin a mis manos (y a las de millones de fans en todo el mundo) después de entre 12 añitos de desarrollo, que se dice pronto.


