Los quioscos
por DGrumpy
Hasta hace no demasiados años, encontrarse un quiosco en cada plaza o confluencia de grandes calles era lo más normal del mundo. Pequeños lugares de obligado paso para señores con traje y bigote, que diariamente, a primera hora de la mañana, compraban la prensa y un paquete de tabaco. Casetas donde las Marujas de todo el vecindario iban a comprar las revistas del corazón y a ponerse al día de los cotilleos del momento.
Pero sobre todas las cosas, eran templos casi sagrados del ocio, la diversión y los alimentos de dudosa capacidad alimenticia para los niños del barrio, que de manera casi ritual acudían periódicamente con sus modestos ahorros de la semana, a estos frágiles puestos donde todo tipo de mercancía se apilaba en un par de metros de cuadrados.



A finales de la década de los 80 hacía irrupción una revolución en el mundo del calzado deportivo: la cámara de aire. No obstante, esta innovación no llegaría a España hasta unos años después, popularizándose de forma sorprendente. Todo el mundo hablaba de la “cámara de aire”, incluso los que no practicaban más deporte que el sillon-ball.
