‘El último héroe’, una fábula del Mundodisco
por El Tipo de la Brocha
Me encanta el Mundodisco. No sé si lo había comentado ya; pero dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. (También dicen que quien al cielo escupe, en su cara repercute. Esto último no viene a cuento, pero de vez en cuando está bien aprender un refrán nuevo.)
El caso es que llevo leyendo las novelas de Terry Pratchett desde que Plaza & Janés publicó “El color de la magia” en edición de bolsillo en 1998 . Algunos años antes, había jugado a “Discworld”, una aventura gráfica a la vieja usanza tan entretenida e hilarante como absurdos y complicados eran sus puzzles.
Así pues, aunque no me parece que fuera hace tanto, han pasado ya muchos años desde que descubrí ese mundo imaginario que se sostiene sobre cuatro elefantes que, a su vez, descansan sobre el caparazón de una tortuga estelar. Para bien o para mal, esto significa que me estoy haciendo viejo, y la vejez es, precisamente, uno de los temas que Pratchett toca en “El último héroe”, la vigésimo séptima entrega de esta fascinante serie.

La productora catalana D’Ocon Films fue artífice de una de las series favoritas de mi infancia:
Hace unas semanas me compré un par de libros: “Next”, la última novela de Michael Crichton, autor del que he leído casi todo lo que ha publicado, y “Kafka en la orilla”, de Haruki Murakami, novela a la que tenía ganas de echar el guante desde que terminé
Navidad, el día más maravillo del año. O al menos eso dicen más canciones de las que puedo recordar. Por desgracia, yo ya he olvidado cuándo fue la última vez que celebré unas Navidades como Dios manda, con Belén, árbol y toda esa parafernalia. Es más, en el curro ni siquiera me he tomado vacaciones. Y mi billete de lotería no estaba premiado. Otros 20 euros a la porra.
