U.N. Squadron
por El Tipo de la Brocha
A finales de los ochenta y principios de los noventa, cada uno de los juegos que Capcom lanzaba para la 16 bits de Nintendo era sinónimo de éxito: “Final Fight”, “Super Ghouls ‘N Ghosts”, “Street Fighter II”… La compañía nipona sabía lo que se hacía. Y si no lo sabía, lo disimulaba muy bien.
Con todo, hay un título que, aunque conocido, pasó algo más desapercibido por el mercado occidental: “U.N. Squadron”, un shoot ‘em up que llegó a Europa a principios de los 90.
Mi trayectoria como jugador tiene un punto de inicio claro: la NES de Nintendo, mi primera consola y con la que, por razones evidentes, comenzó mi pasión por los videojuegos.
En 1984, cuando algunos de nosotros aún caminábamos apoyándonos en los muebles y otros ni siquiera habíais nacido, se estrenó “Gremlins”, una película sobre una extraña pero adorable criatura a la que, por encima de todo, no se podía dar de comer después de medianoche. Su aire de comedia negra cautivó a pequeños y mayores, y pronto muñecos, peluches, videojuegos e incluso cereales de los gremlins inundaron el mercado. La película engrosó las arcas de su distribuidora, Warner Bros., y de Steven Spielberg, productor ejecutivo.
Me encantan las aventuras gráficas. Ahora bien, cuando morir está a la orden del día, mi paciencia suele acabarse antes de que consiga interesarme por el argumento del juego. De ahí que, durante la edad de oro de las aventuras gráficas, lo más que llegara a sentir por los títulos de Sierra fuera una curiosidad rayana en la indiferencia; curiosidad que, además, acabaría convirtiéndose en puro aborrecimiento tras jugar al “Torin’s Passage”, en el que no solo tuve que enfrentarme a acertijos diabólicos, sino también a un sistema operativo que se negaba a ejecutar el juego como es debido a menos que sacrificase un monigote hecho de frutas en su honor
