Mortal Kombat
por El Tipo de la Brocha
Hemos hablado de los juegos de “Street Fighter” más veces de las que puedo recordar. En serio, el pasado fin de semana me di un golpe en la cabeza y es un verdadero milagro que sea capaz de… eh… ¿Qué porras estaba diciendo?
Ah, sí. En ion litio hay mucho “Street Fighter” y poco “Mortal Kombat”. Y ello pese a que ambos títulos marcaron un antes y un después en los juegos de lucha: el primero por su calidad, y el segundo por la polémica ligada a sus contenidos violentos.
El primer “Mortal Kombat” que probé fue el port de la máquina original para Mega Drive. En aquella época, Sega representaba mucho en la industria de los videojuegos, y aquel juego, con sus personajes digitalizados y sus sangrientos Fatalities (siempre que introdujeras el código oportuno), me dejó maravillado. No descarto que el hecho de que aquel mismo día jugase a tinieblas en un dormitorio abarrotado de chicas pubescentes contribuyese a formarme aquella buena opinión; pero es lo que hay.
A principios de la década de los 90, la fiebre Simpson se encontraba en su apogeo en España. La atípica familia de piel amarillenta creada por
La vida de un gran videojuego no acaba cuando completamos la última pantalla, y menos aún en el caso de una entrega de Zelda. Tras superar la aventura principal, llega el momento de explorar las misiones secundarias que queden por completar o, si somos osados, de averiguar que hay de cierto en algunos de los secretos y bugs que circulan por los mentideros de internet.
El hecho de que a día de hoy “The Legend of Zelda: Ocarina of Time” siga ocupando un lugar destacado en el corazón de los jugadores no es una cuestión de mera casualidad. Si se ha ganado este puesto es porque no solo fue un juego revolucionario en su momento, sino que consiguió cautivar nuestros corazones con su historia. Una historia que, aunque bebía de los patrones clásicos de la saga, supo reinventarse de forma brillante en tres dimensiones.

