Mofli, el último koala
por q256
Si, con calma y una libreta por delante, me dedicara a recopilar todas las series de dibujos animados que recuerdo haber visto en mi infancia, probablemente obtendría una buena lista. Si a esto sumamos las que no se recuerdan en una primera pasada, la lista probablemente parecería interminable.
Y es que, reconozcámoslo, a pesar de presumir de ser una de las últimas generaciones que ha jugado a las chapas, lo cierto es que los niños de la generación Nintendo también pasábamos muchas horas delante de la tele, y no sólo jugando a videojuegos.
Hoy en concreto quiero hablar de otra de esas series ñoñas de dibujos animados que amenizaban la programación infantil. Esta, en concreto, trataba de un koala llamado Mofli y recuerdo que la veía justo antes de salir al colegio, a eso de las 8 de la mañana.
¿Qué cabe esperar de una película que surgió de uno de los avances falsos de “Grindhouse”? Os lo diré de la A a la Z: acción, burritos, corrupción, desnudos, explosiones, fornicio, guacamole, habanos, intestinos, justicia, katanas, Lohan, machetes, narcotraficantes, ¡órale!, pendejos, quitapenas, revolución, Seagal, tiroteos, uniformes, violencia, Wii Fit, xenofobia, yanquis y zorras. En resumen, más exploitation, más serie B, y auténtico Robert Rodriguez en su salsa mexicana.
Muchas veces miramos atrás y recordamos con cariño películas que vimos durante nuestra niñez y que nos dejaron marcados. En nuestra mente la calidad de las mismas es incontestable, y somos incapaces de encontrarles defectos. Todo este hechizo se rompe cuando, décadas después, volvemos a verlas y nos damos cuenta de que no estaban exentas de fallos. De hecho, muy pocos films logran mantenerse a la altura de su infante recuerdo: “La princesa prometida” es uno de ellos.
El pasado jueves tuve la oportunidad de asistir a un pase preliminar de 
