Resident Evil 5
por El Tipo de la Brocha
Buf, debería haber publicado este análisis hace un par de semanas, pero… qué pereza, ¿no? Además, así he tenido tiempo de estudiar el juego en profundidad. Lo que generalmente se conoce como viciarse, vamos. Y haciendo uso de la libertad narrativa que siempre me ha brindado este foro, comenzaré por el final: “Resident Evil 5″ es uno de los mejores juegos del momento. No es un Resident Evil al uso, en el sentido de que se centra tanto en la acción que apenas quedan rescoldos del survival horror que caracterizó a las primeras entregas de la saga (tendencia que ya era bastante marcada en “Resident Evil 4″); pero, visto al margen de sus precuelas, es un juegazo.
La historia nos traslada a Sudáfrica, donde, embutidos en la piel del renombrado soldado Chris Redfield, nos embarcaremos en una misión que, sinceramente, a nadie le importa un carajo. Hay muchos zombis (aquí llamados majinis) y debemos detener a los malos. Supongo que, de lo contrario, habría más zombis, y, a la larga, no quedaría nadie para levantar el país, la economía se hundiría y… nos encontraríamos más o menos donde estamos ahora. Pero con más gemidos de ultratumba y menos munición.
Hace un par de semanas salió a la venta “Street Fighter IV”, un videojuego que servidor esperaba como agua de mayo. ¿Por qué? Porque todo parecía apuntar a que se trataba del sucesor espiritual del mítico
Juantxo pertenece a la alta sociedad. Tiene pasta, carrera universitaria, un magnífico trabajo y una novia guapa y rica. En resumen, Juantxo en un perfecto pardillo.
Una de las principales críticas contra este juego es el hecho de que utilice el motor Source, que empieza a quedarse anticuado. Otras críticas apuntan a su poca originalidad o a lo explotado que está el género de zombies. A todo ello responderé con una única palabra: paparruchas.
Aunque ha transcurrido un año desde su lanzamiento, todavía no había tenido la ocasión de probar a fondo “Assassin’s Creed”, uno de los títulos más prometedores de 2007 cuya propuesta era la de meternos en la piel de un miembro del clan de los 
