Dragones y Mazmorras: La trilogía de Venger
por El Tipo de la Brocha
Ya hemos hablado largo y tendido de “Dragones y Mazmorras”, una serie de dibujos animados que nadie ha visto en siglos pero que todo el mundo recuerda por la canción de los Dulces (que no Parchís, como comentaba algún despistado lector) y que levantó algunas ampollas entre la melindrosa sociedad estadounidense de los años ochenta. No obstante, hay un arco argumental que, para no agotaros, preferí reservarme para este segundo artículo.
El hecho de que estemos hablando de un arco argumental ya es de por sí bastante inusual, puesto que en las series de aquella década, los capítulos solían ser autoconclusivos, lo que significa que podías perderte uno sin que ello afectase a la experiencia de ver los siguientes, y, por lo tanto, rara vez terminaban con aquello de “Continuará…”.
En este sentido, aunque los tres episodios que voy a comentar cumplen esa regla general, también es cierto que existe cierta continuidad entre ellos y, sin duda, tienen un nexo común.

