‘Furia de Titanes’ (1981)
por El Tipo de la Brocha
Hoy se estrena “Furia de Titanes”, una película de acción, aventuras y mucho ruido (esperemos que no pocas nueces) dirigida por el pipiolo Louis Leterrier y protagonizada por el actor de moda Sam Worthington, a quien casi todos recordaréis de “Avatar”.
Los más jóvenes probablemente acudirán al cine atraídos por las imágenes entrecortadas de monstruos (¿ese Kraken no salía en “Cloverfield”?) y quizá la música machacona de los tráileres; pero casi ninguno sabrá que hace veintinueve años se estrenó una película con el mismo título en la que la magia no era fruto de los efectos digitales, sino del sudor de un hombre con mucha maña e infinita paciencia: el maestro Ray Harryhausen, quien fue capaz de pasarse 16 meses capturando figuras de látex fotograma a fotograma para el que sería su último proyecto cinematográfico.
Uno de los mayores secretos del último trienio es sin duda la fecha de lanzamiento del juego de estrategia en tiempo real más esperado del momento: “StarCraft 2: Wings of Liberty”. Inicialmente “Blizzard Entertainment” anunció que el mismo saldría en el último cuarto de 2009, lo cual habría tenido cierta lógica nostálgica, pues fue precisamente en el mes de diciembre cuando se pusieron a la venta muchos años antes dos de los juegos más prestigiosos de la compañía: Warcraft II (diciembre de 1995) y Diablo (diciembre de 1996).
Me encantan las aventuras gráficas. Ahora bien, cuando morir está a la orden del día, mi paciencia suele acabarse antes de que consiga interesarme por el argumento del juego. De ahí que, durante la edad de oro de las aventuras gráficas, lo más que llegara a sentir por los títulos de Sierra fuera una curiosidad rayana en la indiferencia; curiosidad que, además, acabaría convirtiéndose en puro aborrecimiento tras jugar al “Torin’s Passage”, en el que no solo tuve que enfrentarme a acertijos diabólicos, sino también a un sistema operativo que se negaba a ejecutar el juego como es debido a menos que sacrificase un monigote hecho de frutas en su honor
Hoy quiero rescatar un recuerdo de lo más profundo de vuestra memoria. Se trata de un juego de mesa muy particular que, aunque estaba dirigido a niñas en plena edad del pavo, un juego que a mi me llamaba poderosamente la atención también a los hombres por lo cursi y sexista que era (y eso que por aquel entonces ni siquiera conocía el significado de la palabra sexista).
