La Cueva del Terror de He-Man
por El Tipo de la Brocha
Aunque Rafa lo dejó claro en este señor artículo, no está de más repetirlo: He-Man fue una de las franquicias más exitosas de la década de los 80.
La serie de Filmation estaba hecha con las vueltas de una máquina de refrescos y la mayoría de los muñecos parecían una escultura en miniatura de Conan el Bárbaro a punto de sentarse en el váter a leer el periódico; pero, por suerte para Mattel, eso que se dice de que los niños se entretienen con cualquier cosa es cierto. Y yo fui uno de esos niños que corría sin camiseta y con una espada de plástico por el jardín de su casa gritando “¡YO TENGO EL PODER!”.
Por otro lado, mi colección de figuras, que aún conservo, sería envidiable si no me hubieran robado a He-Man en el colegio. De hecho, sin contar a Sy-Klone, que cambié por el juguete de un Happy Meal en la guardería, solo me faltaban unos pocos muñecos de la colección, entre ellos Teela, Evil-Lyn y la Hechicera, ya que si bien mi padre no tenía nada en contra de los hombres musculosos, bronceados y semidesnudos, parecía disgustarle que jugara con esbeltas heroínas de plástico. Al final, fue lo mejor para ellas; mis tíos me regalaron a She-Ra, la hermana melliza de He-Man, y la pobre acabó medio calva y sin piernas.
Dicho esto, el juguete preferido de mi colección no era una figura de acción ni tampoco un vehículo, sino la Cueva del Terror, de la que hablaremos a continuación.

