El Fresquito
por q256
Hoy quiero hablar de un clásico gastronómico en cualquier tienda de chuches que se precie. Una de las pocas golosinas que cuenta con su propio envase individual, lo que le otorga cierto aire de exclusividad. Una golosina que, al igual que los Peta Zetas, ha hecho historia.
Y todo ello a pesar de que, de entrada, el dibujo del envase no invita al consumo del mismo. A menos, claro está, que nos gusten las sustancias psicotrópicas. Y es que la mascota corporativa más parece haberse embarcado en un viaje de LSD que estar consumiendo un inofensivo caramelo.
Pero nosotros, como somos osados, nos decidíamos a comprarlo y comprobar por nosotros mismos sus efectos. Y nos encantaba. Puede que no fuera una droga, pero el chute de azúcar que proporcionaba a nuestro cuerpo infantil era considerable.

