El concierto en la azotea de los Beatles
por q256El dar un concierto en una azotea es un recurso bastante común entre diversos grupos musicales, ya sea en un videoclip (lo más común) o en directo. Pero poca gente (excepto los fans del grupo) recuerda que fueron los Beatles los primeros en hacerlo.
El enero de 1969, los Beatles se encontraban en el estudio, grabando el que sería el último de sus discos “Let It Be” (”Déjalo estar”, ya el título expresaba las intenciones de separarse). Aunque “Abbey Road” se grabó posteriormente, “Let It Be” fue el último álbum en publicarse, casi un año después de su grabación. Inmersos en el proceso de creación del disco, que no hizo más que agravar las tensiones entre el grupo, los Beatles decidieron dar un último concierto en directo antes de separarse definitivamente. Siempre es un momento emotivo cuando un grupo de música se disuelve, pero la despedida de los Beatles ha pasado a la historia por como se produjo.

Tras barajar diversas posibilidades, como dar un último concierto, los miembros del grupo decidieron finalmente decantarse por la solución más sencilla e impactante. El 30 de enero de 1969 subieron a la azotea de los estudios Apple Records, en Abbey Road, y dieron un pequeño concierto improvisado para todos los que pasaban por la calle.
Otro juguete más para la lista de modas estúpidas. La Ondamanía era simplemente una especie de muelle gigante que, entre sus asombrosas y múltiples propiedades, contaba con la habilidad de bajar escaleras sola (si la colocabamos correctamente, y siempre que la separación entre escalones fuera la adecuada). También podíamos jugar a pasárnosla de una mano a otra (apasionante) y lo mejor de todo, a desenredarla cuando se enroscaba sobre si misma.
En el departamento de Urgencias de un hospital americano, un médico se niega a atender a un joven sin identificar al que recogen de la calle medio moribundo. Al parecer, el herido no lleva la tarjeta del seguro y las personas que lo han traído no quieren hacerse cargo de él. Tras encendidas discusiones con el recepcionista del hospital, que quiere que le saquen de allí aquel fardo sangrante, y tras efectuar varias consultas telefónicas con el director, éste decide bajar un momento para pedir a los recién llegados que dejen de armar escándalo y se marchen con el joven, porque no quiere atenderlo. Una vez abajo, el director descubre que el moribundo –que luego fallecerá-, es su propio hijo.





