El pastelito de la Pantera Rosa
por q256
De entre la multitud de golosinas con las que la industria alimentaria inunda el mercado cada año, tan sólo unas pocas logran hacerse un hueco y convertirse en clásicos intemporales. Dichos clásicos sobreviven engordando a generación tras generación, con ligeras modificaciones para adaptarse a los nuevos tiempos, como el Bollycao o los Phoskitos.
El pastelito de la Pantera Rosa es uno de estos clásicos. Un bollo cuya principal característica es el estar recubierto de chocolate de color rosa. Evidentemente, el bollito surgió a raiz de la serie de dibujos animados, pero ha sobrevivido a todas las modas basadas en este felino a lo largo de los años, siendo el nombre y el dibujo de la pantera del envoltorio un simple recuerdo de la licencia original, en un producto que ya es capaz de sobrevivir por sí solo.
La Pantera Rosa nació como un personaje destinado a adornar la cabecera y final de la película “La Pantera Rosa”, en la que Peter Sellers interpretaba al inspector Clouseau, encargado de recuperar un enorme diamante rosado que daba título a la película. Sin embargo, el inesperado éxito de la pantera animada la llevó a protagonizar un total de 124 cortos de animación durante 16 años (1964-1980). Hoy en día, la Pantera Rosa continúa presente entre nosotros gracias a su famoso pastelito.
De entre toda la bollería industrial con la que podemos compararlo, su sabor es especialmente exquisito (para los que, como yo, tenemos un paladar exigente para estas pequeñas porciones de colesterol en barrita). La cubierta, como ya he mencionado, es chocolate de color rosado, mientras que el interior es el clásico bizcocho relleno de una crema que recuerda vagamente a la nata.
En el envoltorio del producto tratan de convencernos de las bondades alimentarias del mismo, destacando que tiene un alto porcentaje de leche. Pero, si de verdad queréis comprobar lo sano que es, basta dar un bocado a un pastelito en ayunas para notar como se taponan vuestras arterias.
Pero ¡eh! está buenísimo. Y como todas las golosinas, en pequeñas dosis, no puede ser tan malo. Además, recuperar un pedazo de infancia con tan sólo un bocado de este pastelito es algo que… no tiene precio.
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