Street Fighter II
por q256Este artículo es una continuación de: Street Fighter
¿Quien dijo que segundas partes nunca fueron buenas? Pues alguien que no había visto “El Padrino, segunda parte” y que, desde luego, no había jugado a “Street Fighter II”. O más bien que no había jugado a la primera parte, pues sólo de ésta forma es posible comprobar cuánto ha superado a la primera. Lanzado por Capcom para la placa CPS-1 en 1991, el juego se convirtió en poco tiempo en toda una revolución en los salones recreativos.
¿Y que me decís de la versión “Street Fighter II – Special Champion Edition” para Mega Drive? ¡con programación en DPA! (si, yo tampoco sé lo que era eso, pero ¡como molaba decirlo!).
Pero lo que todos recordamos de Street Fighter II eran los gráficos. Comenzando por la intro, con esa pelea callejera en la que un luchador tumbaba de un puñetazo a otro y la cámara subía y subía recorriendo un edificio hasta llegar… a ese logo… y continuando por las peleas de muestra, en las que veíamos como los luchadores intercambiaban puñetazos y patadas y realmente se sentía la contundencia de los golpes (gracias a los magníficos efectos de sonido).
Una vez metidos en el juego en sí, ya eran palabras mayores. Recuerdo que me impresionaba especialmente Blanka, con esa pinta de bestia salvaje y el ataque de los rayos eléctricos. O Dalshim, que con eso de estirar las manos y las piernas parecía que era imposible que te golpearan… aunque lo hacían, y de lo lindo.
Mi hermano era un experto manejándolo y apenas conseguía tocarle, pero yo no me apañaba, así que al final acabe haciéndome a un personaje clásico: Ken. ¿Y por qué no Ryu, si eran iguales? Pues porque Ken era más chulo, tenía un descapotable rojo y una novia cañon, mientras que Ryu era un triste solitario que se pasaba el día recorriendo el mundo descalzo. Aquí se encuentra, por tanto, la primera decisión que un nuevo jugador debe tomar: o eres de Ryu, o eres de Ken. Y no hay vuelta atrás. Es como ser de Pepsi o Coca-Cola, una decisión a la que tendrás que atenerte el resto de tu vida.

